Calamidad

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Prólogo



Año 15 d.a.. El mundo no parece que pueda volver a ser el mismo nunca más. La humanidad ha pasado de superpoblar el planeta a no saber si puede haber más supervivientes más allá del continente. Vivían con todo tipo de lujos, y pocas preocupaciones, bajo una seguridad que les indicaba que todo iba a seguir así. Pero también pensaban que eran la cúspide de la cadena, que tenían el control sobre todas las cosas.

Poco a poco se fueron dando cuenta de que no era así. Aquellas criaturas sobre las que tanto imaginaban y soñaban no eran una mera fantasía. Vampiros y licántropos vivían entre ellos, y aunque eso les suponía un miedo constante eran la menor de sus preocupaciones. Pero ni siquiera lo sospechaban. Hasta hace quince años.

Nadie supo que sucedió, ni cómo sucedió, ni siquiera si fue de repente o poco a poco, pero todo cambió. El mundo sufrió el cambio más grande de su historia. Todo fue una locura. Los monstruos aparecieron por todas partes, abominaciones sacadas de pesadillas, horrores que se convertían en lo último que veías. Pueblos destruidos, ciudades arrasadas… Pero eso no era lo único. La tierra en sí se movía, los océanos cambiaban, los continentes se deformaron, algunos colisionando y otros sencillamente desapareciendo.

La población mundial quedó diezmada. De ciudades de centenas de miles de cómodos habitantes se pasó a grupos que se refugiaban donde podían e intentaban sobrevivir un día más. Algunos de ellos lo conseguían. Éstos solían formar grupos más numerosos, como si fueran bandas o guerrillas, en las que a veces se encontraban algunos de esos “peligros” que vivían entre ellos en las sombras, y aunque mantenían contacto con otros grupos como ellos mantenían las distancias. Se abastecían como podían y celaban sus formas de aprovisionamiento. Se cercaban y protegían contra los peligros del exterior, incluidos otros grupos dispuestos a asaltarlos por propio instinto de supervivencia.
Era un mundo extraño, y sobre todo cruel.

Hace 15 años todo cambió. 

Y aún nadie sabe por qué.

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