Calamidad

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Capítulo 01



Hacía frío. No un frío de los que te calan los huesos y te pones a tiritar como si no pudieras controlar ni un músculo de tu cuerpo, si no el frío que se siente cuando sabes que algo va mal y que no estás donde deberías. Ese frío que te obliga a despertarte porque sabes que algo no encaja.

Abrió los ojos para encontrarse en un camastro destartalado en una habitación pequeña donde no había nada más que una silla vieja, un lavabo con pinta de no funcionar, y la cama donde se acababa de despertar.

La luz entraba perezosamente a través de una pequeña ventana alta con rejas. ¿Rejas? Sabía muy bien lo que significaba una habitación como esa. No era una habitación, era un zulo. Era un prisionero.

Se puso a pensar pero no recordaba absolutamente nada. Estaba en su laboratorio trabajando en su arma y acto seguido estaba allí. No era capaz de pensar sin que la cabeza empezara a darle vueltas. ¿Qué demonios había pasado?

La puerta emitió un quejido metálico, a cerradura vieja y oxidada, y acto seguido se abrió.

Era lo que menos podía haberse esperado. Podría haber sido otro militar, un alto cargo, por haberla cagado. Podría haber sido algún ex militar o terrorista que se había hecho con información sobre su trabajo, aunque hacía tiempo que los terroristas eran simplemente otros humanos intentando sobrevivir, pero los militares seguían llamándolos así por pura costumbre y vanidad. Podría haber sido incluso alguna criatura que quisiera torturarlo o algo peor… Pero lo que nunca se habría imaginado es que aparecería a través de la puerta una mujer exuberante, con una melena rubia rizada que le llegaba hasta el pecho por delante y la cadera por detrás, con traje y sombrero de capitana de navío. Aunque había ciertos detalles extraños.

La blusa blanca dejaba ver más de lo que se esperaría de una capitana. Su sombrero era demasiado grande, y una placa metálica la cruzaba la cara tapándola su ojo derecho a modo de parche. El hecho de que fuera metálica y pareciera adherida a la piel indicaba que era algo más grave que una simple herida en el ojo. No era una simple capitana. Era una capitana pirata.

Dejando la puerta abierta se sentó en la silla enfrente de él y se dedicó a observarle. Por mucho que él quisiera hacer lo mismo su voluminoso pecho descubierto no le dejaba fijarse en mucho más. Incluso siendo un preso seguía siendo un hombre, y vergonzosamente un hombre con hambre. Maldita debilidad masculina.

- ¿Cómo te encuentras?

Su voz era potente y grave, pero sin perder feminidad. No sabía si derretirse ante la imagen de aquella mujer o esconderse aterrorizado en una esquina. Aquella mujer producía la sensación de que pudiera acabar contigo en cualquier momento y de cualquier forma, y de que no dudaría si fuera necesario.

Reuniendo fuerza y valor consiguió contestar con un hilillo de voz.

- Mentalmente no lo se, no consigo acordarme de nada. Físicamente estoy hecho una mierda.
- Respuesta militar, hacía tiempo que no escuchaba una respuesta así a una pregunta tan simple. Aun así. no me extraña teniendo en cuenta las circunstancias en las que te encontramos.
- ¿Y cómo me encontrasteis si puede saberse?
- Que yo sepa estás en mi prisión, por lo cual la que hace las preguntas aquí soy yo.
- Eso está claro.
- Bien pues, vamos al grano. ¿Qué es esto?

Al final uno de los temores se hizo realidad. La pirata le mostró el arma en la que estaba trabajando antes de perder la consciencia. La pistola tenía el tamaño de un antebrazo de larga, y su apariencia no era del todo bonita. Metálica, con huecos, acoples y demás, realmente parecía algo tecnológico y peligroso. Y realmente lo era.

- Es una pistola.
- Error. Esto es una pistola.

Antes de que se diera cuenta tenía un revólver apuntándole directamente en la sien a escasa distancia. El tamaño de esa cosa era considerable, si disparaba desde esa distancia posiblemente no encontrarían un pedazo de su cabeza más grande que un pulgar. Y le tenía bastante aprecio a su cabeza.

- Más concretamente es un Colt 357 modificado. Siendo militar habrás sopesado ya las posibilidades de escapar entero de esta maravilla. Último intento, ¿qué es esto que tenías contigo y que era lo único que no estaba reducido a pedazos incluyéndote más o menos a ti?

El ruido que produjo el revólver cuando la capitana echó para atrás manualmente el martillo le acabó de convencer.

- Es un arma experimental en la cual estaba trabajando cuando perdí el conocimiento.
- Los militares y sus experimentos armamentísticos. ¿Y qué se supone que tiene de especial?
- Su nombre es PLEIA. Pistola de efectos inestables aleatorios.
- ¿Inestables aleatorios? ¿Qué tornillo os falta a vosotros?
- Según las propiedades de la pólvora y de los materiales que se utilicen en la creación del cartucho la pistola los procesa y activa, creando una reacción en la bala que detona al abrirse el casquillo. Es inestable porque no hemos conseguido aún que funcione, y es aleatoria porque aún no conocemos ninguna fórmula válida para la munición. La estábamos probando antes de que me despertara aquí.
- Estabais muy desesperados por crear lo que fuera, ¿no?
- Corren tiempos desesperados. Y ahora que lo sabes…
- Parece que tienes disciplina y picardía, preguntas sin preguntar. Parece que no todos los militares sois unos gilipollas. Bueno aunque viendo esto… Sígueme.

Sin rechistar por lo que pudiera pasar salió por la puerta detrás de ella y la siguió sin articular una palabra. Los pasillos de aquel sitio eran angostos y fríos, no cuidados. Por las ventanas no veía nada que le resultara familiar, aunque evidentemente eso era bastante improbable teniendo en cuenta que desde el apocalipsis, como lo llamaban, había crecido y sobrevivido en la base militar.

Bajaron por unas largas escaleras hasta un masivo subterráneo. El techo tendría como cuarenta metros de altura, sin exagerar, y no eras capaz de ver lo que había al otro extremo de la sala a no ser que ya lo supieras con antelación. El centro de la sala estaba ocupado por un inmenso armatoste tapado por lonas que no dejaban ver lo que escondían. Pero no era tonto, tenía su experiencia, y al ver las herramientas y todo lo que estaban utilizando allí en seguida dedujo que estaban construyendo algún tipo de transporte. No era mala idea tener viajes seguros en los tiempos que corrían pero con algo tan grande lo que menos iban era a pasar desapercibidos. Bueno, allá ellos.

En una de las mesas estaba trabajando un hombre de unos 25 años, no más, del que apenas se veía que era rubio por la cantidad de mugre y aceite que le cubría el pelo, así como su indumentaria en general. Cuando llegaron a él éste se levanto y se retiró las gafas de trabajo de la cara, mostrado un visible cerco de suciedad alrededor de sus ojos, de un azul verdoso que alojaban una chispa de tangible inteligencia pese a su corta edad.

- Militar, ingeniero. Ingeniero, militar. De momento no se necesitan nombres. Quiero que le enseñes a hacer esas balas.
- ¿Qué?
- No se hacen preguntas, se obedece. Enséñale. Tienes treinta minutos.

El martillo de su Colt volvió a sonar lo que le quitó cualquier idea de rechistar.

Aun así, le sorprendió lo fácil que era trabajar allí. No sólo había de todo lo que pudiera necesitar, si no que el ingeniero captaba absolutamente todo a la primera, y lo ejecutaba a la perfección y a la primera, sin errores. El único problema era la necesidad de bastante pólvora, pero la agradable capitana estuvo encantada de cederles un par de balas de su monstruo para sacársela. Con la pólvora de dos de esas balas se podía montar un pequeño cartucho de dinamita. Qué cosa más bestia…

Antes de que pasara el tiempo establecido el ingeniero le dijo que ya sabía hacerlas, y antes de que tuviera tiempo de asimilarlo la capitana ya lo había cogido en volandas y lo arrastraba otra vez hacia arriba.

Cuando salieron por la puerta casi le da un infarto. Esperando se encontraba una figura encapuchada de negro con una guadaña de cuerpo entero  en la mano y que le miraba fijamente. Estuvo a punto de salir corriendo escaleras abajo.

- ¡Oh, por favor, Trisha! Suficientemente asustado está ya.
- ¡Perdón! Sólo sentía curiosidad – debajo de la capa se pudo adivinar una sonrisa, pero no parecía de malicia, por lo que se relajó un poco. Aunque la guadaña le seguía dando escalofríos.
- Vamos a cuidados médicos. Cuando acaben con él ya os lo dejaré un rato.
- ¡Vale!

Esta vez puedo ver algo en su sonrisa. Unos colmillos afilados sobresalían del resto de dientes. Aunque tampoco eran tan largos como los de un vampiro le daba los mismos escalofríos. Algo allí no le gustaba ni un pelo.

Siguió a la capitana hasta lo que denominaba cuidados médicos. Lo cierto es que era una enfermería con todas las de la ley, tenía toda clase de aparatos y artilugios para suplir toda clase de necesidades. Lo único que no le gustaba, era el médico jefe. Era flacucho, aunque parecía fuerte, alto, pelo canoso, y a través de las gafas redondas dejaba ver una mirada que denotaba una locura interior bastante considerable. En su placa nombraba Stein.

A pesar de todo resultó ser un médico sorprendente. Fue examinando meticulosamente cada parte de su cuerpo y diagnosticando posibles problemas. Incluso en las zonas más privadas. Cuando le obligó a desnudarse y a destaparse su ayudante, que aunque jovencita estaba demostrando ser bastante profesional,  llegó a abrir un poco los ojos, aunque disimuló un poco como pudo, a lo que la capitana sólo pudo decir: “no está mal, parece que en el cuartel no teníais tiempo para hacer mucho ejercicio eh?”. Maldita sea llevaba años… en fin.

Tras acabar el examen y recuperar su ropa, que constaba básicamente de unos pantalones tejanos, una camiseta blanca bastante guarra, y su chaqueta militar, con el parche de su división en el hombro izquierdo, recibió unos analgésicos fuertes para paliar el dolor de su cuerpo para descansar.
¿Descansar? ¿Allí?

Llegaron a un cuarto que parecía una pequeña biblioteca. “Pequeña”. Había unas cuantas estanterías repletas de libros, pergaminos… mapas… Era el despacho de la querida capitana.

- Antes de nada te voy a explicar tu situación. Sólo la voy a explicar una vez, y te veo lo bastante espabilado como para entenderlo todo perfectamente.
  Te encontramos enterrado entre los escombros de lo que supongo sería tu base militar, no encontramos más supervivientes. El equipo que te rescató pasaba cerca de allí cuando escucharon una gran explosión, y se acercaron a investigar. Aparte de ti sólo encontraron tu arma y provisiones que he de reconocer que nos han venido de perlas.

Ahora le cuadraba que tuvieran tantísimo equipamiento. Seguramente parte pertenecía a la base. Pero… todos muertos…

- La cuestión es la siguiente. Tú ahora no tienes dónde volver. Y lo que está claro es que viendo lo visto no te voy a dejar irte por que sí con un cacharro que parece bastante peligroso. Para sobrevivir tendrás que acabar en algún grupo de gente, y prefiero tenerte controlado. Así que te guste o no, a partir de ahora eres parte de nuestro grupo. Y antes de que te lo pienses, no estás en situación de negarte o huir. Estamos en plena ciudad de Neometrópolis. Si sabes lo que eso significa sabrás que no puedes entrar o salir por tu propio pie sin que alguna de las cosas que andan por ahí fuera te lo quite primero. Y sin pies creo que lo llevas difícil.
- ¿Neometrópolis?
- Es la antigua ciudad de Metrópolis. La llamamos así desde que nos conseguimos alojar aquí.
- Espera, ¿sois el grupo que lleva sobreviviendo en pleno corazón de toda la mierda desde hace años?
- Quince años casi exactamente. Diez desde que tomamos este lugar. Me agrada saber que somos tan conocidos.
- ¿Conocidos? Los militares querían vuestras cabezas por todo lo que nos habéis saqueado y robado. Por no mencionar el resto de grupos que matarían a todos sus conocidos que les quedaran por una parte de esas provisiones.
- Y entonces, chico, ¿puedes decirme cómo es que llevamos aquí tanto tiempo?


No tuvo más remedio que callarse a lo evidente, ellos eran lo suficientemente fuertes como para ser así… y ahora él, para bien o para mal, estaba con ellos.

- Creo que va siendo hora de presentarnos. Me llamo Victoria, ex capitana de aproximadamente cinco o seis navíos de guerra del ejército, pirata desde que tuve que exiliarme por matar a mi superior a espada por corrupción, y aún me parece que valió la pena, y líder de este rebaño desde que todo empezó. Al principio sólo éramos cuatro, pero poco a poco se fueron uniendo más. Ahora formamos una familia bien nutrida, y lo más importante, unida.
- Yo soy Kurt y no soy tan impresionante. Nací en la periferia de esta ciudad hace 26 años. A los once durante la confusión de todo lo que pasó, los militares me llevaron a la base dónde he estado desde entonces.
- Al menos sobreviviste. Ahora es el momento de que luches junto a nosotros para que siga así. Bienvenido a la familia Kurt. Bienvenido a Calamidad.

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