Queriendo o no ahí estaba, dentro del grupo más peligroso
del que se había oído hablar desde que todo se fuera a la mierda. Hasta los
militares les temían, y ahora ahí estaba, rodeado de humanos excepcionales, y
criaturas a las que le habían enseñado a enfrentarse, o a saber escapar. ¿Cómo
se supone que iba a encajar allí?
Pero extrañamente no se sentía mal del todo. Era como si le
gustara estar allí. Aunque no creía encajar, el concepto del grupo en sí le
transmitía una sensación de seguridad que le agradaba, aunque se sintiera fuera
de lugar entre tanto bicho raro.
Victoria le había dejado un espacio bastante confortable en
el que dormir y descansar, aunque fuera en una esquina del
sótano-almacén-taller. Así que a partir de ese momento vivía con el ingeniero,
al que le habían introducido como Cloud, nombre que le pusieron alegando que su
cabeza era como una tormenta de nubes de ideas. Algo raro pero hermoso a su
manera. Saber algo así le hizo ver que allí existía el compañerismo y que
cuidaban unos de otros como si realmente fueran una familia.
Trabajaría con él, bien en su arma, como en los proyectos
del grupo, como un curioso complejo de dispositivos de radio que se mandaban
señales eléctricas impidiendo el paso a criaturas voladoras débiles a esas
frecuencias. Curioso y seguramente efectivo. Le gustaría trabajar ahí, de eso
estaba seguro.
Pero primero, después de descansar un día entero, se tendría
que presentar al resto del grupo. Y eso no le hacía mucha gracia. Siempre le
había gustado pasar desapercibido, pero es de suponer que causó un buen revuelo
con sus circunstancias de ingreso, así que no había más remedio.
Se esperaba algo raro, se esperaba algo inquietante… Pero ni
con esas se esperaba lo que se le venía encima. Y eso que faltaba más de la
mitad de la gente…
Victoria lo llevó al salón principal, una sala enorme que
podía ser perfectamente un ala entera del edificio que ocupaban, que no era
pequeño pues tenía cuatro alas bien grandes, con un patio trasero gigante, dos
laterales, y el de la entrada. Habían derribado los tabiques y fusionado todas
las salas en una enorme que tenía de todo, sillones, sofás, mesas, más mesas,
neveras, billares… Dios santo desde que era pequeño que no veía uno de esos.
Esparcidos por el “salón” se encontraban algunos de los
miembros. La primera en presentarse fue Trisha, que estaba expectante. Al
acercarse se quitó la capucha y pudo verle la cara. Tenía el pelo negro
azabache, corto por el lado izquierdo de la cara y largo hasta casi la mitad de
la espalda por el derecho. Sus rasgos eran afilados, pero bellos, incluidos los
ojos, azul oscuro. Lo que más le llamaba la atención era una especie de tatuaje
dividido en dos partes que le cruzaba el lado de la cara por el que tenía el
pelo corto. La primera parte comenzaba en el final de la ceja y se curvaba
hasta la esquina del ojo. La segunda empezaba cerca del fin de la primera y le
recorría la mejilla. Era posiblemente lo más raro que había visto hasta la
fecha, pero era hermosa. Su necesitada hombría volvió a hacer acto de
presencia, y aunque intentó disimular Victoria se dio cuenta y se echó a reír,
aunque disimuladamente para que los demás no se dieran cuenta, cosa que Kurt
agradeció enormemente. No quería presentarse como un salido el primer día.
- ¡Encantada, soy Trisha!
Al hablar los volvió a ver. Esos colmillos… Su necesitada
hombría desapareció…
- Es una medio vampira. Mitad humana mitad vampira – le
explicó Victoria con toda la calma del mundo. – Vas a tener que acostumbrarte
rápido a ese tipo de cosas. No es la única, y no es lo único.
- ¿A qué te refieres?
- Lo sabrás cuando llegue el momento.
- ¿A qué te refieres?
- Lo sabrás cuando llegue el momento.
El siguiente en presentarse fue Axel. El tío iba vestido
como un vaquero, pero de negro, y su sombrero era de largo como sus hombros.
Era delgadito pero se le veía ágil y confiado. Le cayó bien, parecía un buen
tipo incluso con esas pintas. Era humano.
- ¿Nadie va armado?
- Puedes llevar tu arma contigo si no es potencialmente peligrosa en cuestión de accidentes. Por ejemplo tuve que obligar a Trisha a dejar su guadaña porque ayer casi decapita a Axel un par de veces sólo por girar sobre sí misma demasiado rápido,
- Sí. Jeje. Perdón… - se reía como mordiéndose la lengua con los labios, y al hacerlo los colmillos le sobresalían también por el labio inferior, dándola un aspecto infantil y cómico.
- Tú tampoco podrás llevar armas de momento, y bajo ningún concepto podrás llevar equipada tu pistola como se llame.
- PLEIA. Lo entiendo. ¿Puedo saber dónde está por lo menos?
- De momento la tengo yo hasta que hagamos unas pruebas. Luego la tendrás tú, pero no podrá salir del laboratorio si yo no lo autorizo personalmente.
- Comprendo.
- Vamos al comedor, hay gente que acaba de volver de alguna misión, o que se acaba de levantar de una noche larga – y gesticuló como si empinara el codo. Le consiguió sacar una sonrisa y todo.
- ¡Yo voy que tengo hambre!
- De acuerdo Trisha.
- Puedes llevar tu arma contigo si no es potencialmente peligrosa en cuestión de accidentes. Por ejemplo tuve que obligar a Trisha a dejar su guadaña porque ayer casi decapita a Axel un par de veces sólo por girar sobre sí misma demasiado rápido,
- Sí. Jeje. Perdón… - se reía como mordiéndose la lengua con los labios, y al hacerlo los colmillos le sobresalían también por el labio inferior, dándola un aspecto infantil y cómico.
- Tú tampoco podrás llevar armas de momento, y bajo ningún concepto podrás llevar equipada tu pistola como se llame.
- PLEIA. Lo entiendo. ¿Puedo saber dónde está por lo menos?
- De momento la tengo yo hasta que hagamos unas pruebas. Luego la tendrás tú, pero no podrá salir del laboratorio si yo no lo autorizo personalmente.
- Comprendo.
- Vamos al comedor, hay gente que acaba de volver de alguna misión, o que se acaba de levantar de una noche larga – y gesticuló como si empinara el codo. Le consiguió sacar una sonrisa y todo.
- ¡Yo voy que tengo hambre!
- De acuerdo Trisha.
Justo antes de entrar se encontraron con un tipo trajeado,
con pantalones de los de pinzas, mocasines, chaleco interior, camisa, corbata
cuadrada, y una chaqueta de esmoquin de cola bifurcada que se alargaba hacia
fuera en vez de hacia dentro. Todo negro menos la camisa bien blanca. De la
chaqueta colgaban un par de hebillas. En la manos mitones de cuero negro. Su
sombrero bajo no dejaba verle los ojos, pero su sonrisa se parecía a la de una
serpiente. Su pelo verde tampoco era muy común.
- Vaya, vaya. Pero si es mi preciosa Trisha. Que alegría
verte por la mañana.
- ¿Por la mañana? Si ya es por la tarde…
- ¿Por la mañana? Si ya es por la tarde…
Victoria miró a Kurt y volvió a gesticular como si bebiera.
- ¡Ah! El nuevo. Que descortés. Buenos días…
- … tardes… -le corrigió Trisha otra vez.
- … lo que sea. Bienvenido a Calamidad. Mi nombre es Ezequiel. Es un placer.
- El mío es Kurt. Igualmente.
- Nombre extraño. ¿Eres humano?
- ¿No te lo parezco?
- Bueno tenía que preguntar, no sabes la fauna que tenemos por aquí. ¿Trisha preciosa te apetece que comamos juntos?
- Es que iba a comer con Kurt. Le estamos enseñando el lugar y presentando a la gente.
- Bueno pues a media noche en la mesa de billar. Trato hecho – y dicho esto entró en la cocina antes de que Trisha pudiera replicar.
- Me siento raptada…
- … tardes… -le corrigió Trisha otra vez.
- … lo que sea. Bienvenido a Calamidad. Mi nombre es Ezequiel. Es un placer.
- El mío es Kurt. Igualmente.
- Nombre extraño. ¿Eres humano?
- ¿No te lo parezco?
- Bueno tenía que preguntar, no sabes la fauna que tenemos por aquí. ¿Trisha preciosa te apetece que comamos juntos?
- Es que iba a comer con Kurt. Le estamos enseñando el lugar y presentando a la gente.
- Bueno pues a media noche en la mesa de billar. Trato hecho – y dicho esto entró en la cocina antes de que Trisha pudiera replicar.
- Me siento raptada…
Aunque tenía facciones duras, por su forma de comportarse se
notaba que era bastante joven. Ezequiel tampoco parecía un mal tipo, aunque
estuviera como una puta cabra.
La cocina era muy amplia. El comedor disponía de bastantes
mesas y taburetes, y a través de la barra se veía que la cocina en sí también
era bastante espaciosa.
Ezequiel ya marchaba con un plato de pasta cuando Kurt se
preguntó qué demonios pediría una vampira para comer. Ojalá no lo hubiera
averiguado. Cuando se fue silbando se llevaba una bandeja con lo que parecía
ser dos torsos de kobold. Casi se le quitan las ganas de comer.
El cocinero/camarero era otro figura. Calvo con pelusilla,
cara marcada de haber pasado por cosas bastante peliagudas, mirada penetrante,
y pinta de faltarle algún otro tornillo.
- ¡Vaya, vaya! ¡Pero si es la nueva adquisición! Ésta es la
cocina, aquí te puedo preparar lo que quieras, tenemos provisiones de sobra
para hacer loooo queeee deseeeees. ¡Hasta tenemos bollitos Twinkies!
¡Deliciosos! - definitivamente le faltaba más de un tornillo.
- ¿Tienes avena?
- Sí claro tenemos nuestra propia plantación - se le quedó mirando con una sonrisa de oreja a oreja como esperando una contestación.- ¿Y bien? ¿Qué vas a querer?
- Avena.
- Ehm. ¿Así sin más? – parecía que se lo tomaba como una broma.
- Ehm… ¿con leche?
- Talahashi, Kurt es militar, simplemente dale lo que te pide…
- ¿Tienes avena?
- Sí claro tenemos nuestra propia plantación - se le quedó mirando con una sonrisa de oreja a oreja como esperando una contestación.- ¿Y bien? ¿Qué vas a querer?
- Avena.
- Ehm. ¿Así sin más? – parecía que se lo tomaba como una broma.
- Ehm… ¿con leche?
- Talahashi, Kurt es militar, simplemente dale lo que te pide…
Con total carencia de pasión le puso un cuenco de avena con
leche que Kurt recogió muy agradecido y se llevó a una mesa, mientras oía como el
tal Talahashi vociferaba como podían malgastar su talento culinario en un
cuenco de gachas… Menudos elementos.
En la mesa de enfrente vio a Trisha comer con otro
compañero, un tipo rubio, que debía medir lo menos dos metros de altura, y
aunque no estaba muy musculado parecía fuerte. Iba vestido muy normal, así que
debía de haber llegado de alguna misión o simplemente estaba de descanso…
¿Había dicho comer? El rubio era aún más bestia que Trisha comiendo, y estaban
compitiendo para ver quién comía más y más rápido, y lo estaban dejando todo
perdido… El pobre de Ezequiel estaba potando por una ventana. J se planteó
llevarse la avena para comérsela en el taller a salvo de percances, pero
Victoria le quitó la idea de la cabeza.
- Ese de ahí se llama Dregar. Ya conoces a los que están
ahora mismo aquí. Somos pocos porque el resto están ocupados en misiones, pero
ya los irás conociendo. El equipo que te rescató es nuestro equipo especial y
está en una misión complicada así que tardarán en volver. En cuanto te acabes
eso iremos a probar tu arma a uno de los patios.
- No creo que sea buena idea teniendo en cuenta lo que pasó en la base militar.
- ¿Y qué propones?
- ¿No probarla si no es necesario?
- Es necesario saber lo que tenemos.
- No tengo cartuchos hechos.
- Cloud ha hecho uno para ti.
- No puedo discutir, ¿verdad?
- ¿Te tengo que volver a enseñar mi Colt?
- No creo que sea buena idea teniendo en cuenta lo que pasó en la base militar.
- ¿Y qué propones?
- ¿No probarla si no es necesario?
- Es necesario saber lo que tenemos.
- No tengo cartuchos hechos.
- Cloud ha hecho uno para ti.
- No puedo discutir, ¿verdad?
- ¿Te tengo que volver a enseñar mi Colt?
De mala leche, se terminó la avena como pudo entre el ruido
y el desorden provocado por esos dos animales, y se dispuso a hacer una
demostración de lo que podía hacer su creación.
Salieron del edificio, que visto por primera vez por fuera
le parecía como una antigua sede de gobierno, era enorme. En el frente de la
puerta principal había dos pilares de piedra sólida de un color extraño. Es
decir, era gris pero… parecía como si reflejara algo…
- Esas piedras llevan aquí desde que tomamos esto. Parecen
bastante especiales y las tenemos mucho respeto. Cuando nuestras fuerzas
flaquean venimos a verlas y a recordarnos por qué seguimos luchando. Por
mantenernos firmes, como ellas.
A Kurt le dio la sensación de que cuando miraba las piedras
lo hacía con su ojo tapado… pero prefirió no preguntar. Visto lo visto a lo
mejor se lo quitaba y empezaba a tirar rayos láser como en los cómics…
Se alejaron un poco hasta unas ruinas y Victoria le dio la
bala creada por Cloud para probarla.
- Supongo que no sabe lo que se ha utilizado para crearla,
¿verdad?
- Cloud lo tiene todo apuntado. Si el resultado es positivo podrá volver a crearla.
- Incluso si se hacen dos balas iguales existe la posibilidad de que ocurra algún efecto no deseado. Todo depende en el disparo, desde los componentes de la bala hasta los exteriores como el aire.
- No estás transmitiendo mucha confianza.
- Sólo la invito a apartarse, por si las moscas.
- Cloud lo tiene todo apuntado. Si el resultado es positivo podrá volver a crearla.
- Incluso si se hacen dos balas iguales existe la posibilidad de que ocurra algún efecto no deseado. Todo depende en el disparo, desde los componentes de la bala hasta los exteriores como el aire.
- No estás transmitiendo mucha confianza.
- Sólo la invito a apartarse, por si las moscas.
Kurt cargó el cartucho con sumo cuidado y apuntó. No sabía
lo que podía hacer esa bala, así que prefería n disparar a un muro por lo que
pudiera pasar. Decidió disparar contra algo más sólido, una viga de hierro tan
gruesa como un hombre. Y disparó.
- Bastante decepcionante debería decir.
La viga no se había roto, ni congelado, ni cualquier otro
efecto que conociera que pudiera crear el arma. Simplemente se había deformado
un poco, dando una imagen un poco retorcida.
- Como dije, es difícil saber lo que puede llegar a hacer.
Estaba en fase experimental aún.
- Al menos es verdad que no es un efecto… normal. Volvamos dentro. Y trabaja en ella, quiero saber qué más es capaz de hacer.
- Al menos es verdad que no es un efecto… normal. Volvamos dentro. Y trabaja en ella, quiero saber qué más es capaz de hacer.
Aunque lo iba a hacer con sumo gusto no le gustaba volver a
recibir órdenes tan pronto. Se sentía otra vez como en la base, un ingeniero
sin voz ni voto.
Al volver al edificio vieron a Ezequiel entre los arbustos
tumbado, como inconsciente.
- Déjalo ahí. Habrá vuelto a beber más de la cuenta.
Estaba justo debajo de lo que creía que eran los ventanales
del comedor. Seguramente habría potado con demasiado ímpetu y se habría caído.
Pobre diablo. Aunque no se le podía culpar después de ver el espectáculo
ofrecido por Trisha y Dregar.
Al entrar, Victoria le condujo hasta una recepción.
- Una última cosa antes de que te vayas al taller. No vas a
vivir aquí de gratis. Todos tienen que arrimar el hombro. Serás destinado a
misiones. Aquí te las darán, así como las armas que pidas siempre y cuando
estés autorizado a llevarlas.
- ¿Qué clase de misiones?
- Las que se te ordenen, por lo menos al principio. Si resultas útil y subes de rango podrás decidir tú mismo algunas de ellas. Así mismo tendrás mayor libertad a la hora de la elección de equipamiento.
- De acuerdo. Tampoco tengo mayor elección supongo.
- Ponte a trabajar en tu arma. Mañana tendrás tu primera misión.
- ¿Qué clase de misiones?
- Las que se te ordenen, por lo menos al principio. Si resultas útil y subes de rango podrás decidir tú mismo algunas de ellas. Así mismo tendrás mayor libertad a la hora de la elección de equipamiento.
- De acuerdo. Tampoco tengo mayor elección supongo.
- Ponte a trabajar en tu arma. Mañana tendrás tu primera misión.
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