Kurt recibió el resumen de la misión sin mucha alegría. No
le entusiasmaba la idea de dejar su investigación particular para meterse
dentro de ningún tipo de acción. Aun siendo militar ni tenía mucha experiencia
en ese sentido ni le llamaba la atención. Prefería mil veces estar en su mesa
con sus herramientas inmerso en sus deberes. Pero era la ley de Calamidad, y si
iba a vivir allí tenía que seguirla.
Leyó el papel sin mucho interés. Habían avistado un nutrido
grupo de kobolds en las afueras de la ciudad, cerca de donde se ubicaba la
mansión. Normalmente los kobolds no suponían amenaza alguna, pero al ser un
grupo numeroso preferían investigar y en caso necesario tomar medidas. La
prevención es la clave de la seguridad. Sería su misión de iniciación y su
compañera sería Trisha… Al menos sabía que no iba a tener tiempo de aburrirse,
esa chica no callaba ni debajo del agua. Aunque no le hacía mucha gracia hacer
equipo con un vampiro, suponía que le estaban poniendo a prueba, así que no se
iba a echar para atrás. Como eran los dos novatos (buena sensación de
seguridad) y era en la misma ciudad les acompañarían dos supervisores, sólo
como precaución.
Se vistió con su ropa militar, con la chaqueta abierta y las
chapas de identificación colgando del cuello, gafas oscuras de espejo para el
sol y una bandana roja para que el pelo no le molestara. Aunque daba un aspecto
más bien desaliñado, pues los pantalones y la chaqueta le quedaban algo
grandes, y ni siquiera se había afeitado, no desentonaba con el resto de la
gente así que le daba igual.
En la armería le proporcionaron una pistola semiautomática
calibre 45, suficiente para cualquier amenaza que un kobold pudiera
representar, y dos cargadores, veinticuatro balas en total. Esperaba que su
puntería no se hubiera oxidado del todo.
En la recepción ya estaban todos esperándole. Trisha, con su
guadaña y su capa con capucha cubriéndole la mitad de la cara, dándola un
aspecto bastante siniestro. Le parecía una friki la verdad, pero mientras
supiera defenderse le daba lo mismo. Axel y Dregar serían sus acompañantes.
Axel iba como siempre, excepto un revolver colt en una pistolera en la pernera
izquierda y una espada de una mano de tamaño medio sujeta horizontal en la
espalda a la altura del cinturón.
Dregar era un caso aparte. Con sus dos metros de altura y su
cara jovial amedrentaba bastante portando una armadura de huesos que le cubría
casi todo el cuerpo, excepto la cara, y un espadón a dos manos bien grueso con
dibujos espirales, como dos serpientes que se entrelazan hasta llegar a la
punta de la espada. Con mango y todo medía casi como él. Kurt no se imaginaba
capaz siquiera de levantar tal barbaridad.
Victoria estaba con ellos, preparada para desearles suerte y
asegurarse que Kurt no llevaba a PLEIA con él. No le estaba permitido usarla
sin autorización expresa de Victoria, y no se lo iba a permitir en sus primeras
misiones, era evidente. Pero para su sorpresa, después de verificar que cumplía
las órdenes, le dio autorización para llevársela para “experimentar”. Le
entregó así mismo un cartucho que había acabado el propio Kurt, que también
eran confiscados “por seguridad”.
Cuando salieron Axel tomó el mando y los dirigió hacia las
afueras, al este de la mansión.
- No os sorprendáis tanto cuando la jefa os desee suerte.
Digamos que la da palo redactar esos papeles y suele omitir ciertos detalles al
respecto – dijo con una ancha sonrisa.
- ¿Qué tipo de detalles exactamente?
- El número de enemigos, el tipo, clase y fuerza de éstos… No os preocupéis nosotros os acompañamos, no son para tanto.
- ¿Y cómo sabes tú que ha omitido detalles esta vez?
- Porque fui yo el que los avistó durante una patrulla y estuve media hora riéndome del informe de la jefa – y acto seguido, efectivamente, se rió.
- ¿Qué tipo de detalles exactamente?
- El número de enemigos, el tipo, clase y fuerza de éstos… No os preocupéis nosotros os acompañamos, no son para tanto.
- ¿Y cómo sabes tú que ha omitido detalles esta vez?
- Porque fui yo el que los avistó durante una patrulla y estuve media hora riéndome del informe de la jefa – y acto seguido, efectivamente, se rió.
Dregar se rió escandalosamente a su lado… Pero qué mala
espina le daban todos, estaban de la cabeza. Y lo peor es que no sabía qué
esperar de aquello.
- Tranquilo, sólo son kobolds – Trisha le intentaba
tranquilizar…-, sólo sirven para comérselos al horno -… o no…
Una vez llegaron al límite Kurt contempló la “frontera”. La
ciudad se acababa de repente. Había una valla cercando el perímetro, y detrás
un precipicio de una altura considerable. Era tierra y estaba empinado, no era
completamente vertical, por lo que se podía uno deslizar por la pendiente para
bajar, pero luego resultaría imposible subir por ella. Y como tenían que bajar
sí o sí, no tenía ni puta idea de por dónde iban a subir después.
Bajaron la cuesta deslizándose, Kurt sobre los cuartos
traseros y las piernas, Axel de pies como si bajara montado en una tabla,
Trisha más o menos como Axel, pero con mucha más facilidad, como si fuera algo
natural para ella… y Dregar dando tumbos. Su armadura no le permitía moverse
con mucha libertad, así que acabo rodando ladera abajo. Cayó, se levantó, se
sacudió el polvo, y ya estaba como nuevo. Parece que la resistencia física era
el punto fuerte de ese hombre, y no le extrañaba un pelo teniendo en cuenta el
show que era verlo comer. Era gente muy peculiar.
Como militar se disponía a dar uso a sus habilidades de
rastreo, pero Axel se le adelantó y en apenas unos segundos ya sabía por dónde
ir. Un explorador nato. Fuerza bruta e inteligencia, esos dos hacían buen
equipo, y seguramente lo eran dentro del gremio.
Al poco de andar avistaron un par de kobolds cerca de una
gran cañería que debía ser el final del desagüe de la ciudad. Ahora por fin se
daba cuenta de dónde estaba. El lago que había al este de la ciudad había sido
drenado, estaba seco. Estaban en la cuenca del río que una vez abastecía la
gran ciudad.
Los kobolds eran unas criaturas humanoides parecidas a
ratas. Eran muy delgadas, vestían harapos y aunque tenían cierta inteligencia,
como demostraba el hecho de que supieran usar el fuego, eran bastante
estúpidas. Sin embargo estos parecían estar de guardia, perfectamente
tranquilos. No parecían tan tontos.
- Kurt. Tú llevas pistola. Dispara al kobold de la
izquierda, y yo me encargo del de la derecha.
Axel se situó a una distancia prudencial, desenfundó su
revólver y apuntó, paciente. Kurt se abrió un poco a un lado y se tumbó, tanto
para camuflarse como para apuntar mejor. Las gafas le protegían del brillo del
sol, así que no tuvo problemas para apuntar. Un tiro certero en la sien, y un
kobold menos. Cuando miró al otro preparado para cubrir ya no estaba. Axel era
rapidísimo y desde el ruido del percusor de la pistola de Kurt en un segundo se
había plantado al lado de su compañero y con su revólver le había disparado en
el cuerpo. Lo normal es disparar en la cabeza para asegurar el mínimo consumo
de balas, pero con su arma no existía ese problema. Tenía tal potencia que
además de atravesar limpiamente el cuerpo de la pobre criatura la mandó volando
al otro lado del tubo.
Pero fue excesivamente confiado. Disparó demasiado cerca del
desagüe y el eco del disparo se propagó por la cañería hasta el fondo. Kurt
consiguió discernir una luz que se alejaba por el tubo hacia la oscuridad. Ya
no disponían de factor sorpresa, estupendo.
Uno a uno fueron avanzando por el túnel, atentos a cualquier
ruido que delatara a sus enemigos… ¿Enemigos? ¿Cuándo dejó de ser aquello una
misión de exploración? ¿Desde cuándo unos kobolds suponían una amenaza?
Divisaron unas luces y aminoraron el paso. En una zona que
parecía ser una encrucijada de tubos se situaba un gran campamento con
hogueras. Debía ser su campamento principal.
Estaban esperándoles. El kobold con la antorcha que había
visto huir estaba detrás de todo el grupo, compuesto por varios guerreros, si
es que se les podía llamar así, y dos de aspecto extraño. En vez de lanzas o
cuchillos disponían de bastones de madera, y sus ropajes eran distintos, de
telas mas cuidadas, y con lo que parecían plumas de aves en la cabeza.
- Chamanes kobold, los creía extintos por los alrededores –
Axel parecía molesto.- Siempre acaban
viniendo más, son como una plaga de ratas…
- Axel, son ratas…
- Ah, ya… bueno…
Nada, que no había ni uno normal en el gremio…
- Axel, son ratas…
- Ah, ya… bueno…
Nada, que no había ni uno normal en el gremio…
Un temblor los sacó de su ensimismamiento. Un kobold del
tamaño de Dregar, y ancho como dos Dregar (tómese Dregar como unidad estándar
para la medida de monstruos) se colocó en el frente del grupo. Jamás había
visto un kobold tan grande… ¡y seguía creciendo!
Los chamanes estaban entonando cánticos alrededor del fuego.
Parece que usaban algún tipo de magia para fortalecer a su súper kobold, y el
hecho de que estuvieran en la tubería hacía que el poco espacio no permitiera
flaquear al mostrenco que tenían ahí plantado para ir a por ellos. Así pues
tenían que acabar con él si querían pasar. Divertido…
- Kurt usa tu pistola, a ver que es capaz de hacer.
La proposición de Axel parecía más una orden de Victoria.
Suponía que algo le habría dicho antes de partir así que no había lugar para
dudar o rehusarse. Kurt cargó el cartucho y disparó.
Al principio apareció un boquete bien majo en el abdomen de
la criatura, pero poco a poco se fue cerrando, sin dejar ni una cicatriz. De
hecho parecía que aquel monstruo estaba incluso más enérgico.
- Tío, eres bastante decepcionante…
- ¿Qué parte de que no se qué hace cada bala no habéis entendido?
- ¿Qué parte de que no se qué hace cada bala no habéis entendido?
Antes de que pudieran discutir el kobold avanzó, decidido a
embestir. Dregar se le plantó delante impidiéndole avanzar, pero el kobold no
dudó y empezó a atacar. Sus puños embestían con una fuerza brutal, y sin
embargo Dregar encajaba sin problemas golpes que a él podrían haberle roto
varios huesos. Cuando Dregar atacaba con su espadón no conseguía apuntar a
ninguna parte importante. El sitio era algo angosto para alguien que necesitaba
de espacio para maniobrar.
Trisha a su vez intentaba atacarle por un costado, pero la
criatura era más rápida de lo que parecía y cada vez que se acercaba recibía un
poderoso manotazo de revés que la empotraba contra la pared del conducto. Al
tercer impacto la pared ya mostraba unas buenas grietas de la fuerza de los
golpes. Los manotazos eran casi tan grandes como ella, así que si bien no podía
partirla ningún hueso en concreto si podía aplastarla si no demostrara una
buena resistencia física, aunque evidentemente no tanto como Dregar.
Cada golpe parecía enfurecerla cada vez más, y en cierto
momento le pareció ver como si sus ojos se aclararan y emitieran pequeños
destellos azulados. Pero en un sitio tan angosto y oscuro podía habérselo
imaginado.
Axel disparaba su revólver con su mano izquierda mientras
que con la derecha atacaba con su espada, desde la distancia. Resultaba ser una
espada extensible, compuesta de partes que se separaban y que estaban
conectadas por un grueso filamento extremadamente flexible, casi como si fuera
una cuerda, aunque sus reflejos lo delataban como metálico.
Tanto sus ataques como los de la pistola semiautomática de
Kurt iban dirigidos hacia los chamanes, pero la voluminosidad del súper kobold
hacía que los ataque no pasaran de él. De hecho al acabar contra los hombros o
los brazos de aquella bestia ni siquiera le hacían casi daño, con lo que
cambiaron de estrategia y le atacaron directamente a él.
Dregar seguía encajando los golpes como si de un tanque se
tratara, pero le empezaban a flaquear las fuerzas. Trisha empezaba a alcanzarle
con su guadaña pero se seguía viendo empotrada contra la pared, que empezaba a
resquebrajarse peligrosamente. Axel y Kurt se quedaron sin munición. Y el
kobold seguía de pie, lleno de cortes y heridas de bala, pero sin signos de
cansancio. Los chamanes le mantenían enérgico con sus cánticos.
Axel rebuscó en su chaqueta y sacó un cartucho.
- Toma, me lo dio la jefa. Me dijo que lo volvieras a probar
si podías, y creo que si hace algo podría ser un buen momento para probarlo.
Kurt lo cogió y lo examinó. Tenía una etiqueta que citaba “15”.
Seguramente era una copia del cartucho que creó Cloud la primera vez y que
probaron en el exterior del edificio. Kurt lo cargó en PLEIA y disparó.
La bala se hundió en el cuerpo del kobold, que abrió los
ojos como si fueran a salírsele del morro. Su cuerpo se empezó a convulsionar,
y paulatinamente se empezó a encoger, mientras el aire giraba a su alrededor,
como si lo estuviera absorbiendo.
Se parecía al efecto de la viga de hierro, pero al parecer
sólo tenía efecto completo en seres orgánicos.
Al kobold empezó a crecerle pelo blanco por todo el cuerpo,
tanto que al final le cubría por completo excepto la cara, que pasó de morro de
rata a morro de oveja…
- ¡¿Pero que coño!? – Axel no pudo disimular su sorpresa.
El gigante que estaban enfrentando se había convertido en
una oveja, tamaño oveja. Pero seguía manteniendo todas las heridas del combate.
Un cuerpo tan menudo y blando con tantas heridas… Al acabar la transformación
la oveja yacía en el suelo convertida en un amasijo de vísceras.
- ¡Repugnante! ¡Qué asco! – Axel no parecía muy contento con
lo que acababa de presenciar. – Al menos ha hecho el trabajo, ahora a acabar
con los restos.
El resto de kobold, incluidos los chamanes, al perder a su
campeón de una forma tan… rara, se habían quedado inmóviles y no reaccionaron.
Los sometieron todos, excepto a un
chamán, con la intención de sacarle algo de información. Aunque estúpidos en
general, aquellos que tenían cierto don eran capaces de medio hablar. Pero éste
estaba tan conmocionado que les resultó imposible, y al final tuvieron que
acabar con él sin haberle sacado nada.
Dregar estaba exhausto y muy dolorido, y tuvieron que cargar
con él todo el viaje de vuelta. Cuando llegaron al complejo se desmayó al entrar
en la enfermería. Trisha también ingresó aunque su situación no era tan grave.
Tenía la mirada dura de alguien que alberga un profundo odio hacia algo. Tanto
Kurt como la propia Victoria prefirieron no preguntar.
Axel entregó sus armas en la armería y su informe a
Victoria, que escuchó con detenimiento y con semblante serio. Al acabar se dirigió
hacia Kurt.
- Entrega tu pistola en la armería si no lo has hecho ya.
Come, descansa, y vuelve al laboratorio con Cloud, vas a tener que ayudarle.
Olvídate de tu proyecto por ahora, tenemos cosas más importantes que hacer.
De mala gana le entregó a PLEIA a Victoria y se fue a
descansar. No tenía hambre después de la experiencia. Ya no solo por ver
vísceras de oveja o kobolds cercenados. Es decir, ¿esa era realmente una misión
de exploración para ellos? ¿Localizar y destruir? ¿O es que algo había salido
extremadamente mal? Tenía un mal presentimiento que le decía que así era.
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