Durante la siguiente semana
Kurt no volvió a saber de Victoria, ni de nadie en general que no fuera Cloud,
con el que trabajaba sin descanso. Aprendió que si no se le llamaba por alguna
necesidad seguía válida la última orden que había recibido hasta nuevo aviso.
No es que le molestara trabajar allí, de hecho le gustaba, pero se sentía
preso, carente de libertad de acción.
Tampoco le habían devuelto su arma.
El espectáculo que había causado le había sorprendido incluso a él. Un
compuesto capaz de alterar genéticamente a un objetivo orgánico… realmente
resultaba aterrador.
En el tiempo que estuvo
encerrado en el sótano/almacén/taller/laboratorio aprendió a trabajar en el
sistema de defensa de los alrededores. Por lo visto Cloud se encargaba él solo
de ello y se le veía agradecido de poder contar con ayuda para variar.
El sistema trataba de unos
dispositivos eléctricos de ondas de radio de alta frecuencia que impedía el
paso a las criaturas voladoras como si de un campo de fuerza invisible se
tratase. Realmente de lo que trataba era de evitar que se acercaran. Para las
criaturas terrestres normalmente utilizaban recursos bastante más directos,
como minas, pasos con electricidad, y la fuerza bruta.
Mientras trabajaba en ellos
entablaron cierta confianza y amistad. Kurt aprendió sobre la jerarquía del
grupo y de su funcionamiento. Por ejemplo justo por debajo de Victoria había
tres personas, considerados la élite del grupo, que estaban con Victoria desde
antes incluso de la formación de Calamidad. Curiosamente los tres eran medio
humanos. Estaba Van, una mujer medio vampira, Law, un hombre menudo que
curiosamente era un licántropo, y el que más le sorprendió, Drake, mitad humano
y mitad… ¿dragón? No sabía que pensar de aquello, todo le parecía una locura
pero ya se estaba acostumbrando.
Estos tres se encargaban de
las misiones más difíciles o de mayor importancia para el grupo. Fueron los que
rescataron a Kurt del laboratorio. Luego había varios grupos que o bien se
habían juntado por amistad o buen funcionamiento en equipo, o por disponer de
habilidades o estilos parecidos.
Dregar normalmente hacía
equipo con Axel por buena amistad, y porque se compenetraban muy bien juntos.
Había también dos hermanas, capaces de manipular en cierta medida el hielo y el
fuego. Incluso Cloud y por lo visto Trisha podía utilizar electricidad.
Lo único que le faltaba por
oír, magia.
- No pienses en ello como
magia. Todo lo que nos rodea contiene energía, así como nosotros mismos. Hay
gente capaz de interactuar con esa energía. El modo en el que se manifiesta
depende de cada persona.
Cloud le explicó que desde que
aparecieron demonios en el mundo, capaces casi de manipular la energía a su
antojo, las personas empezaron a investigar y descubrieron que era posible.
Aun con todo tipo de
explicaciones racionales le costaría mucho acostumbrarse a ese tipo de cosas.
Quince años encerrado le había privado de los conocimientos del mundo exterior,
como si hubiera estado anclado en el tiempo.
Cloud también le habló sobre
las piedras de la entrada del edificio. Eran dos pilares de piedra sólida que
llevan ahí desde que el mundo cambió. Como un recuerdo de la antigua era. Les
recordaba lo que tenían y por lo que luchaban. Era un símbolo para mantenerse
firmes y seguir adelante.
- Y tú, ¿cómo entraste aquí?
¿Quién eras antes, o que vida tenías?
Cloud se paró en seco y quedó
inmóvil y en silencio. A Kurt le pareció que había metido la pata con la
pregunta, pero no añadió nada más. Después de un momento se sentó y se dispuso
a hablar, con mirada ausente.
- Soy huérfano desde que tengo
memoria. La que me crió fue mi hermana. La que me enseñó todo lo que sabía. Era
un genio de la mecánica y del conocimiento de la electricidad. Ella me cuidó,
me hizo crecer y creer en mí mismo.
Es cierto que desde pequeño se me han dado
bien estas cosas, pero no sería así de no ser por ella.
- ¿Y dónde está ella ahora?
- Buena pregunta. ¿Dónde
acabamos cuando morimos? Murió durante el primer ataque de los demonios a
Metrópolis. Dio su vida para protegerme…
- Lo siento, no tenía que
haber preguntado.
- Nunca olvidaré la cara del
demonio que lo hizo – las manos de Cloud aferraban una llave inglesa con tanta
fuerza que parecía que le fuera a estallar en cualquier momento.- Nunca… Poco
después estalló la guerra. No sé como sobreviví, pero sé lo que vi. El demonio
calló a manos de los de su misma especie. Después de aquello me escondía dónde
podía y sobrevivía con lo que encontraba hasta que acabó todo. Fue Victoria la
que me encontró y me trajo aquí. El resto te lo puedes imaginar.
Mientras hablaba, cuando
miraba a Kurt a la cara parecía que estuviera sintiendo… ¿nostalgia? Se levantó
y siguió con su trabajo. Estuvieron en silencio el resto del día. Trisha bajaba
de vez en cuando a llevarles algo de comida y charlar, aunque no era muy
habladora con respecto a sí misma. Lo único que Kurt sabía de ella es que la
marca de su cara era de nacimiento.
Acabaron su trabajo con los
emisores de ondas. Los estaban mejorando para que emitieran una frecuencia más
alta, expandiendo de esta forma el área que protegían. Cuando estuvieron listos
dieron el aviso y salieron a reemplazar los viejos. Eran unos dispositivos no
muy grandes, aunque pesaban lo suyo, que colocaban en las viejas torres de
captación de señales que había en los tejados de los alrededores, usándolas
para mandar las ondas que creaban los aparatos.
Por el aire veían arpías que
se fijaban en ellos. Cuando cambiaban un dispositivo se acercaban un poco en el
tiempo que tardaban en poner el nuevo, pero en cuanto estaba listo se alejaban
a toda velocidad a una distancia aún mayor que antes.
- ¡Bien! ¡Eso quiere decir que
ha sido un éxito! – Cloud se mostraba muy contento. Aunque fuera un genio le
gustaba comprobar de primera mano que las cosas funcionaban como debían.
En total eran 6 las torres, y
tardaron casi todo un día en ir de una a otra y cambiar los dispositivos.
Mientras charlaban de todo un poco, aunque Kurt tenía muchísimo cuidado en no
volver a preguntar nada sobre el pasado, así que divagaban entre el grupo, el
edificio, el arma de Kurt…
Todo iba sin incidentes, cosa
agradable para variar, pero cuando fueron a la última torre se encontraron con
algo nuevo. Había una arpía muerta a los pies de la torre.
- ¿Cómo demonios ha llegado
aquí?
Cuando miraron justo encima de
sus cabezas lo comprendieron al instante. Una matriarca arpía sobrevolaba la torre,
y ordenaba a sus menores que se lanzaran. Las ondas hacían que su instinto las
hiciera huir, pero no podían desobedecer a la matriarca. Algunas bajaban y
subían, volviéndose locas entre los cambios de órdenes que recibían sus
cerebros. Seguramente la que estaba en el suelo había caído desorientada y
había muerto de la caída… No podía ser cierto…
- Kurt, tenemos que salir de
aquí e informar cuanto antes… ¡Esa jodida matriarca está lanzando a las otras arpías
a la torre intentando romperla!
- Tenemos que intentar colocar
el dispositivo. De esa forma las alejaremos y su plan no tendrá sentido.
- El problema realmente es
cómo estos seres pueden haber llegado a un plan así. Es decir, no son muy
inteligentes, pero saben dónde atacar, y están dispuestas a sacrificarse a sí
mismas con ese fin. ¡No tiene sentido!
- ¡Coloquemos el aparato antes
de que hagan que tenga sentido! Ya pensaremos en eso después.
- ¡Necesito cobertura! ¡En
cuanto quitemos el viejo se nos lanzaran en picado antes de que podamos poner
el nuevo!
- No tengo armas, no me han
dado permiso esta vez…
- ¿Qué pasa muchachos? ¿En
apuros otra vez?
Ambos se dieron la vuelta.
Axel estaba allí en el tejado con ellos. Ni se habían enterado hasta que habló.
Ambos se lamentaron por su falta de concentración. Si hubiera sido algún
monstruo, probablemente ya estarían muertos.
- Esto es grave… Tienes razón
Cloud en preocuparte, cuando volvamos hablaremos con Victoria, pero por ahora
hay que poner el cacharro ese como dice Ku…
Un estruendo llegó desde la
calle, a varios metros por debajo de ellos. Cuando Kurt se asomó una ola de
pánico le invadió.
- ¿Behemots? ¿¡Qué demonios
hace un grupo de Behemots en la ciudad!?
- Ya te he dicho que la
situación era grave… No te preocupes por los de abajo, están medianamente
controlados. Dregar y Skorn están abajo con ellos. Nosotros nos preocuparemos
más por las de arriba. Mira ahí baja otra…
Otra arpía desorientada se
estrelló contra el suelo, esta vez peligrosamente más cerca de la torre.
- ¿Y cómo lo hacemos? En
cuanto quitemos el aparato viejo se nos echaran encima, y no sé tú, pero yo voy
desarmado…
- Sin problema amigo. Mira y
aprende. Lo que nos hace sobrevivir no es la fuerza que tengamos, si no el
trabajo en equipo.
Axel sacó una pistola de
bengalas, y disparó en dirección al grupo de arpías, concretamente a la matriarca.
Se escuchó un disparo lejano, y la bengala estalló en pedazos de fósforo en
llamas. Varias arpías salieron ardiendo. La peor parte se la llevó la matriarca
cuyas alas estaban envueltas completamente en llamas. Unos pocos segundos en el
aire y empezó a caer en picado. Axel desenvainó su espada y utilizándola como
látigo agarró a la arpía por las patas y la zarandeó para evitar que reventara
contra el suelo, dejándola colgando del látigo por el borde del tejado.
- Vía libre. Ahora os toca a
vosotros dos.
Se pusieron manos a la obra,
entre los gritos de la arpía y los destrozos de la calle, y cambiaron el
dispositivo. Lo activaron cuando Axel había recogido y alejado a la matriarca
para no fundirla el cerebro con las ondas. Necesitarían intentar sacarla
información.
Cuando se asomaron por la
repisa vieron a los tres behemots muertos, entre cortes, desmebramientos y unos
agujeros bastante grandes de bala.
- Con lo tranquilo que estaba
siendo el día. Parece que la tranquilidad no es algo muy común por aquí.
- Será mejor que te
acostumbres amigo mío. Esto es el día a día. Se llama supervivencia.
- Gracias Axel. Intentaré
recordarlo.
Volvieron todos juntos a la
base. Kurt tuvo ocasión de conocer a dos miembros más del grupo.
Skorn era una mujer… bueno,
una gran mujer. Le sacaba una cabeza de altura y un cuerpo de ancho. Las
facciones de su cara podían dar bastante miedo si no fuera porque hablando con
ella era curiosamente dulce, aunque algo ruda. Su larga y espesa melena roja la
cubría los hombros y la llegaba hasta la cintura. Sus bíceps eran tan grandes
como la cabeza de Kurt, y cada una de sus piernas como las dos de Kurt juntas.
Llevaba una armadura mínima, lo suficiente para ocultar sus armas de mujer, y
proteger ciertas zonas sensibles. Sus brazos, piernas y abdominales eran acero
puro, posiblemente no necesitara ni cubrirlos. Ya inspiraba suficiente miedo
con esa imagen sin ver sus armas. Una espada bastarda y un hacha que
normalmente habría que blandirla a dos manos, una en cada mano. Temible. Kurt
no sabía si tener más miedo a los behemots o a ella.
El segundo miembro era otra
mujer, mucho más jóven, que es la que había hecho estallar la bengala, pero
nada que ver. Su imagen era refinada, casi pura. Vestía una falda larga verde
que se apretaba desde su cintura hasta sus rodillas, y caía hasta sus tobillos,
acomodados en unas botas negras. En su cintura acomodaba una tela negra, que
caía por un lado de su cadera hasta el tobillo. Su camiseta blanca era
increíblemente ceñida, marcando completamente su escultural cuerpo. Una cruz en
mitad del pecho de la camiseta mostraba un escote hipnotizador, y que no
llevaba nada debajo de la camiseta. Su cara era preciosa y delicada, casi angelical.
De una especie de boina negra caía su pelo… ¿rosa? Dos coletas por la espalda y
dos mechones completamente lisos que no tapaban ninguna de sus facciones. Ni
sus orejas perfectas ni sus ojos, de un color ámbar que te quitaba el sentido,
aunque su mirada parecía ausente, como carente de emoción.
Su arma, un rifle de francotirador
de última generación. Munición de largo calibre, explosiva, o de pulsos. El rifle
de largo era casi como ella de alto y aun así lo manejaba con una facilidad
pasmosa.
Cuando la estaba mirando ella
lo miró a él. Casi se le paró el corazón, estaba completamente absorbido en sus
ojos… hasta que ella se presentó y Kurt se fijó en sus dientes. Tenía unos
colmillos afilados, pero no tanto como Trisha.
Al ver la cara de Kurt la
chica se dio cuenta y le pidió perdón. Los colmillos se echaron un poco para
atrás y de repente ya no estaban. Kurt estaba completamente atónito, y
aterrorizado.
- ¿Desde cuándo los vampiros
pueden hacer eso?
Axel, que parecía ser su guía
y relaciones públicas oficial, se lo explicó, aunque fue algo que hizo que Kurt
se planteara seriamente que es lo que estaba pasando ahí.
- Monique no es un vampiro, es
humana, pero tiene sangre de demonio. Es la hija de Ezequiel, el demonio de
Calamidad.
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