Calamidad

martes, 24 de septiembre de 2013

Capítulo 04



Durante la siguiente semana Kurt no volvió a saber de Victoria, ni de nadie en general que no fuera Cloud, con el que trabajaba sin descanso. Aprendió que si no se le llamaba por alguna necesidad seguía válida la última orden que había recibido hasta nuevo aviso. No es que le molestara trabajar allí, de hecho le gustaba, pero se sentía preso, carente de libertad de acción.

Tampoco le habían devuelto su arma. El espectáculo que había causado le había sorprendido incluso a él. Un compuesto capaz de alterar genéticamente a un objetivo orgánico… realmente resultaba aterrador.

En el tiempo que estuvo encerrado en el sótano/almacén/taller/laboratorio aprendió a trabajar en el sistema de defensa de los alrededores. Por lo visto Cloud se encargaba él solo de ello y se le veía agradecido de poder contar con ayuda para variar.

El sistema trataba de unos dispositivos eléctricos de ondas de radio de alta frecuencia que impedía el paso a las criaturas voladoras como si de un campo de fuerza invisible se tratase. Realmente de lo que trataba era de evitar que se acercaran. Para las criaturas terrestres normalmente utilizaban recursos bastante más directos, como minas, pasos con electricidad, y la fuerza bruta.

Mientras trabajaba en ellos entablaron cierta confianza y amistad. Kurt aprendió sobre la jerarquía del grupo y de su funcionamiento. Por ejemplo justo por debajo de Victoria había tres personas, considerados la élite del grupo, que estaban con Victoria desde antes incluso de la formación de Calamidad. Curiosamente los tres eran medio humanos. Estaba Van, una mujer medio vampira, Law, un hombre menudo que curiosamente era un licántropo, y el que más le sorprendió, Drake, mitad humano y mitad… ¿dragón? No sabía que pensar de aquello, todo le parecía una locura pero ya se estaba acostumbrando.

Estos tres se encargaban de las misiones más difíciles o de mayor importancia para el grupo. Fueron los que rescataron a Kurt del laboratorio. Luego había varios grupos que o bien se habían juntado por amistad o buen funcionamiento en equipo, o por disponer de habilidades o estilos parecidos.

Dregar normalmente hacía equipo con Axel por buena amistad, y porque se compenetraban muy bien juntos. Había también dos hermanas, capaces de manipular en cierta medida el hielo y el fuego. Incluso Cloud y por lo visto Trisha podía utilizar electricidad.

Lo único que le faltaba por oír, magia.

- No pienses en ello como magia. Todo lo que nos rodea contiene energía, así como nosotros mismos. Hay gente capaz de interactuar con esa energía. El modo en el que se manifiesta depende de cada persona.

Cloud le explicó que desde que aparecieron demonios en el mundo, capaces casi de manipular la energía a su antojo, las personas empezaron a investigar y descubrieron que era posible.

Aun con todo tipo de explicaciones racionales le costaría mucho acostumbrarse a ese tipo de cosas. Quince años encerrado le había privado de los conocimientos del mundo exterior, como si hubiera estado anclado en el tiempo.

Cloud también le habló sobre las piedras de la entrada del edificio. Eran dos pilares de piedra sólida que llevan ahí desde que el mundo cambió. Como un recuerdo de la antigua era. Les recordaba lo que tenían y por lo que luchaban. Era un símbolo para mantenerse firmes y seguir adelante.

- Y tú, ¿cómo entraste aquí? ¿Quién eras antes, o que vida tenías?

Cloud se paró en seco y quedó inmóvil y en silencio. A Kurt le pareció que había metido la pata con la pregunta, pero no añadió nada más. Después de un momento se sentó y se dispuso a hablar, con mirada ausente.

- Soy huérfano desde que tengo memoria. La que me crió fue mi hermana. La que me enseñó todo lo que sabía. Era un genio de la mecánica y del conocimiento de la electricidad. Ella me cuidó, me hizo crecer y creer en mí mismo.
   Es cierto que desde pequeño se me han dado bien estas cosas, pero no sería así de no ser por ella.
- ¿Y dónde está ella ahora?
- Buena pregunta. ¿Dónde acabamos cuando morimos? Murió durante el primer ataque de los demonios a Metrópolis. Dio su vida para protegerme…
- Lo siento, no tenía que haber preguntado.
- Nunca olvidaré la cara del demonio que lo hizo – las manos de Cloud aferraban una llave inglesa con tanta fuerza que parecía que le fuera a estallar en cualquier momento.- Nunca… Poco después estalló la guerra. No sé como sobreviví, pero sé lo que vi. El demonio calló a manos de los de su misma especie. Después de aquello me escondía dónde podía y sobrevivía con lo que encontraba hasta que acabó todo. Fue Victoria la que me encontró y me trajo aquí. El resto te lo puedes imaginar.

Mientras hablaba, cuando miraba a Kurt a la cara parecía que estuviera sintiendo… ¿nostalgia? Se levantó y siguió con su trabajo. Estuvieron en silencio el resto del día. Trisha bajaba de vez en cuando a llevarles algo de comida y charlar, aunque no era muy habladora con respecto a sí misma. Lo único que Kurt sabía de ella es que la marca de su cara era de nacimiento.

Acabaron su trabajo con los emisores de ondas. Los estaban mejorando para que emitieran una frecuencia más alta, expandiendo de esta forma el área que protegían. Cuando estuvieron listos dieron el aviso y salieron a reemplazar los viejos. Eran unos dispositivos no muy grandes, aunque pesaban lo suyo, que colocaban en las viejas torres de captación de señales que había en los tejados de los alrededores, usándolas para mandar las ondas que creaban los aparatos.

Por el aire veían arpías que se fijaban en ellos. Cuando cambiaban un dispositivo se acercaban un poco en el tiempo que tardaban en poner el nuevo, pero en cuanto estaba listo se alejaban a toda velocidad a una distancia aún mayor que antes.

- ¡Bien! ¡Eso quiere decir que ha sido un éxito! – Cloud se mostraba muy contento. Aunque fuera un genio le gustaba comprobar de primera mano que las cosas funcionaban como debían.

En total eran 6 las torres, y tardaron casi todo un día en ir de una a otra y cambiar los dispositivos. Mientras charlaban de todo un poco, aunque Kurt tenía muchísimo cuidado en no volver a preguntar nada sobre el pasado, así que divagaban entre el grupo, el edificio, el arma de Kurt…

Todo iba sin incidentes, cosa agradable para variar, pero cuando fueron a la última torre se encontraron con algo nuevo. Había una arpía muerta a los pies de la torre.

- ¿Cómo demonios ha llegado aquí?

Cuando miraron justo encima de sus cabezas lo comprendieron al instante. Una matriarca arpía sobrevolaba la torre, y ordenaba a sus menores que se lanzaran. Las ondas hacían que su instinto las hiciera huir, pero no podían desobedecer a la matriarca. Algunas bajaban y subían, volviéndose locas entre los cambios de órdenes que recibían sus cerebros. Seguramente la que estaba en el suelo había caído desorientada y había muerto de la caída… No podía ser cierto…

- Kurt, tenemos que salir de aquí e informar cuanto antes… ¡Esa jodida matriarca está lanzando a las otras arpías a la torre intentando romperla!
- Tenemos que intentar colocar el dispositivo. De esa forma las alejaremos y su plan no tendrá sentido.
- El problema realmente es cómo estos seres pueden haber llegado a un plan así. Es decir, no son muy inteligentes, pero saben dónde atacar, y están dispuestas a sacrificarse a sí mismas con ese fin. ¡No tiene sentido!
- ¡Coloquemos el aparato antes de que hagan que tenga sentido! Ya pensaremos en eso después.
- ¡Necesito cobertura! ¡En cuanto quitemos el viejo se nos lanzaran en picado antes de que podamos poner el nuevo!
- No tengo armas, no me han dado permiso esta vez…
- ¿Qué pasa muchachos? ¿En apuros otra vez?

Ambos se dieron la vuelta. Axel estaba allí en el tejado con ellos. Ni se habían enterado hasta que habló. Ambos se lamentaron por su falta de concentración. Si hubiera sido algún monstruo, probablemente ya estarían muertos.

- Esto es grave… Tienes razón Cloud en preocuparte, cuando volvamos hablaremos con Victoria, pero por ahora hay que poner el cacharro ese como dice Ku…

Un estruendo llegó desde la calle, a varios metros por debajo de ellos. Cuando Kurt se asomó una ola de pánico le invadió.

- ¿Behemots? ¿¡Qué demonios hace un grupo de Behemots en la ciudad!?
- Ya te he dicho que la situación era grave… No te preocupes por los de abajo, están medianamente controlados. Dregar y Skorn están abajo con ellos. Nosotros nos preocuparemos más por las de arriba. Mira ahí baja otra…

Otra arpía desorientada se estrelló contra el suelo, esta vez peligrosamente más cerca de la torre.

- ¿Y cómo lo hacemos? En cuanto quitemos el aparato viejo se nos echaran encima, y no sé tú, pero yo voy desarmado…
- Sin problema amigo. Mira y aprende. Lo que nos hace sobrevivir no es la fuerza que tengamos, si no el trabajo en equipo.

Axel sacó una pistola de bengalas, y disparó en dirección al grupo de arpías, concretamente a la matriarca. Se escuchó un disparo lejano, y la bengala estalló en pedazos de fósforo en llamas. Varias arpías salieron ardiendo. La peor parte se la llevó la matriarca cuyas alas estaban envueltas completamente en llamas. Unos pocos segundos en el aire y empezó a caer en picado. Axel desenvainó su espada y utilizándola como látigo agarró a la arpía por las patas y la zarandeó para evitar que reventara contra el suelo, dejándola colgando del látigo por el borde del tejado.

- Vía libre. Ahora os toca a vosotros dos.

Se pusieron manos a la obra, entre los gritos de la arpía y los destrozos de la calle, y cambiaron el dispositivo. Lo activaron cuando Axel había recogido y alejado a la matriarca para no fundirla el cerebro con las ondas. Necesitarían intentar sacarla información.

Cuando se asomaron por la repisa vieron a los tres behemots muertos, entre cortes, desmebramientos y unos agujeros bastante grandes de bala.

- Con lo tranquilo que estaba siendo el día. Parece que la tranquilidad no es algo muy común por aquí.
- Será mejor que te acostumbres amigo mío. Esto es el día a día. Se llama supervivencia.
- Gracias Axel. Intentaré recordarlo.

Volvieron todos juntos a la base. Kurt tuvo ocasión de conocer a dos miembros más del grupo.

Skorn era una mujer… bueno, una gran mujer. Le sacaba una cabeza de altura y un cuerpo de ancho. Las facciones de su cara podían dar bastante miedo si no fuera porque hablando con ella era curiosamente dulce, aunque algo ruda. Su larga y espesa melena roja la cubría los hombros y la llegaba hasta la cintura. Sus bíceps eran tan grandes como la cabeza de Kurt, y cada una de sus piernas como las dos de Kurt juntas. Llevaba una armadura mínima, lo suficiente para ocultar sus armas de mujer, y proteger ciertas zonas sensibles. Sus brazos, piernas y abdominales eran acero puro, posiblemente no necesitara ni cubrirlos. Ya inspiraba suficiente miedo con esa imagen sin ver sus armas. Una espada bastarda y un hacha que normalmente habría que blandirla a dos manos, una en cada mano. Temible. Kurt no sabía si tener más miedo a los behemots o a ella.

El segundo miembro era otra mujer, mucho más jóven, que es la que había hecho estallar la bengala, pero nada que ver. Su imagen era refinada, casi pura. Vestía una falda larga verde que se apretaba desde su cintura hasta sus rodillas, y caía hasta sus tobillos, acomodados en unas botas negras. En su cintura acomodaba una tela negra, que caía por un lado de su cadera hasta el tobillo. Su camiseta blanca era increíblemente ceñida, marcando completamente su escultural cuerpo. Una cruz en mitad del pecho de la camiseta mostraba un escote hipnotizador, y que no llevaba nada debajo de la camiseta. Su cara era preciosa y delicada, casi angelical. De una especie de boina negra caía su pelo… ¿rosa? Dos coletas por la espalda y dos mechones completamente lisos que no tapaban ninguna de sus facciones. Ni sus orejas perfectas ni sus ojos, de un color ámbar que te quitaba el sentido, aunque su mirada parecía ausente, como carente de emoción.

Su arma, un rifle de francotirador de última generación. Munición de largo calibre, explosiva, o de pulsos. El rifle de largo era casi como ella de alto y aun así lo manejaba con una facilidad pasmosa.

Cuando la estaba mirando ella lo miró a él. Casi se le paró el corazón, estaba completamente absorbido en sus ojos… hasta que ella se presentó y Kurt se fijó en sus dientes. Tenía unos colmillos afilados, pero no tanto como Trisha.

Al ver la cara de Kurt la chica se dio cuenta y le pidió perdón. Los colmillos se echaron un poco para atrás y de repente ya no estaban. Kurt estaba completamente atónito, y aterrorizado.

- ¿Desde cuándo los vampiros pueden hacer eso?

Axel, que parecía ser su guía y relaciones públicas oficial, se lo explicó, aunque fue algo que hizo que Kurt se planteara seriamente que es lo que estaba pasando ahí.

- Monique no es un vampiro, es humana, pero tiene sangre de demonio. Es la hija de Ezequiel, el demonio de Calamidad.

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