- Buenos días a todos.
Victoria acababa de entrar a
la sala de reuniones, que resultaba ser su propio despacho, con la enorme mesa
atestada de mapas en el centro y sus interminables librerías cercando la habitación
por ambos pisos, dejando únicamente el espacio suficiente para la puerta de
entrada y la cristalera gigante que dejaba pasar luz hasta el más profundo de
los rincones de la sala, y que iluminaba la madera de los muebles y estantes,
dándoles un aspecto aún más espectacular de lo que ya eran de por sí.
Después de la aventura de las
arpías Kurt fue enviado a trabajar con Cloud en otros proyectos, con la promesa
de que se le aclararían todas sus preguntas en unos días. Días en los que
fueron llegando más miembros de Calamidad, pero ninguno salía en misiones. Por
lo visto era fecha de una reunión extraordinaria, cosa que aprovechaban sus
miembros para descansar un poco y ponerse al día.
Al entrar en la sala se
percató que ahora eran como el doble de gente que antes. Catorce si aún no se
le había olvidado contar. No sabía si estaban todos pero sí que eran bastantes.
Victoria se colocó en un extremo de la gigante mesa rectangular, con uno de los
mapas enrollado en la mano. A su flanco izquierdo estaban los que suponía que
era la élite de Calamidad, Van, Law y Drake.
Vanessa, o Van, era una mujer
joven muy bella, de piel blanquecina, pelo, ojos y labios negros azabache, y
una gabardina de cuero negro que le caía por las rodillas y que sólo dejaba
entrever un body azul de cuerpo completo, un cinturón que parecía de
decoración, y unas botas negras de cremallera hasta la parte baja de la
rodilla. Vampira.
Law era un hombre muy fuerte
de corta estatura y piel negra, lleno de cicatrices que salían por debajo de su
camiseta blanca sin mangas. Su dura mirada podría romper rocas. Licántropo.
El que más le llamaba la
atención del trío era Drake, un hombre alto, fuerte, con una gabardina ancha negra,
cuyo pelo gris blanquecino caía en punta hacia atrás, y cuyos ojos eran de un
amarillo dorado como nunca había visto. Había algo en él que le causaba como admiración,
y en parte temor al mismo tiempo. Según le había contado Cloud, tenía sangre de
dragón.
A la derecha de los élites
estaban Dregar y Axel, que le saludaron nada más entrar y le instaron a que se
situara con ellos y con Trisha, que parecía completamente recuperada, y que por
lo visto iba a ser su compañera en misiones sucesivas.
Al flanco derecho de Victoria
estaba Ezequiel, el demonio de Calamidad. Lo que engañan las apariencias, al
principio sólo lo veía como un tío raro. Su hija Monique estaba a su lado, y
Skorn junto a ella. La comparación de altura entre éstas resultaba algo cómica
teniendo en cuenta que trabajaban juntas, claro que comparado con Skorn, Kurt
mismo era una mierdecilla.
Al lado de Skorn había otras
dos caras nuevas, las dos hermanas de las que le habló Cloud.
Una de ellas llevaba una
chaqueta de motorista negra, pantalones vaqueros anchos, y botas de militar
altas, con cremalleras y la solapa por fuera. La cremallera de la chaqueta,
abierta a la altura del pecho, dejaba ver una camiseta básica blanca bastante
sucia y un colgante con lo que parecía un Yang. Dos cinturones de cuero salían
de debajo de la chaqueta y cercaban su cadera. El pelo rojo como el fuego corto
y despeinado, con un mechón largo por detrás, y sujeto por unas gafas que
parecían de artífice artesano. Su expresión denotaba en parte impaciencia y
aburrimiento. Tenía pinta de rebelde sin causa. La llamaban Vestal la
incendiaria.
Su hermana en cambio mantenía
una expresión fría como el hielo, pero no sabía diferenciar si de disciplina o
de indiferencia. Tenía el pelo grisáceo casi rapado en los lados y por detrás,
y la parte de arriba medio larga en punta hacia delante le tapaba parte de los
ojos. Llevaba una especie de sudadera azul de una pieza con braga ancha y
refuerzos en las hombreras y los codos. Por debajo de los elásticos de la
cintura tenía los mismos dos cinturones que su hermana. Sus vaqueros más
ajustados acababan dentro de unas botas marrones altas flexibles de cremallera
y puntas metálicas.
Excepto por sus indumentarias,
estilo de pelo, y sus expresiones, eran exactamente iguales. Las facciones de
la cara, los labios, el color de los ojos. Físicamente eran como dos gotas de
agua, aunque a la legua se podía ver que no lo eran en todo.
Cloud se situaba en la otra
punta de la mesa, cerrando el círculo.
Después de saludar, colocarse,
y observarnos a todos, Victoria se dispuso a comenzar con la reunión.
- Aunque nos falten cuatro
miembros hemos de aprovechar que por una vez estamos casi todos para reunirnos
y ponernos al día. Ya sabéis cómo funciona esto, primero resumid vuestras
últimas experiencias al equipo, después las evaluaremos y decidiremos en
consecuencia. Por último daré nuevas directrices a cierta gente... Pero antes
de nada presentaciones. Algunos de vosotros aún no conocéis a nuestra última
incorporación. Kurt…
Kurt salió de su
ensimismamiento y miró a los presentes. Instintivamente dio un pequeño paso al
frente y esperó paciente.
- Kurt es un ex-militar,
miembro de I+D en la base que Van y su equipo encontraron hace ya algo más de
un mes – Kurt no pudo evitar sorprenderse por un momento “Dioses, ya llevaba
allí casi dos meses, y apenas se había dado cuenta”. - El arma que descubrieron
con él parece ser un tipo de pistola de efectos aleatorios inestables, algo
típico de los militares, jugar con fuerzas que desconocen. Lo único que le
hemos visto hacer por el momento es convertir un kobold de dos metros en una
oveja y reventar desde dentro a los pocos segundos.
- ¡Baaj! ¡Qué asco! – la
expresión de Vestal, con un ojo cerrado y la lengua fuera, lo explicaba
maravillosamente sin necesidad de palabras.
- Él y Cloud siguen trabajando
en ello a ver si pueden conseguir algo más. De momento han potenciado la
barrera y están poniendo a punto los vehículos de los que disponemos.
- ¿Eso quiere decir que nos
movemos? – Skorn parecía extrañada.
- Sí. Últimamente han estado
ocurriendo cosas bastante extrañas en lo que a los monstruos se refiere.
Debemos investigar y averiguar qué es lo que está pasando. Es por eso que
quiero que compartáis vuestros conocimientos con los demás. Axel, por favor,
¿puedes empezar?
- Por supuesto – Axel se
dispuso a hablar mientras daba un paso al frente y se colocaba delante de un
mapa, indicando las ubicaciones según iba relatando. - Dregar y yo estábamos de
reconocimiento, bordeando la ciudad por las afueras mientras Kurt y Cloud
cambiaban los dispositivos de radio de las antenas. Todo iba bien hasta que
empezamos a notar un comportamiento extraño en las arpías. Según iba avanzando
el día vimos como se iban concentrando en la torre norte.
- Ahí es donde estaba la
matriarca – apuntó Cloud.
- Exacto. La vimos llegar
desde el norte. Pero cuando decidimos acercarnos vimos a Skorn y a Monique que venían
a toda velocidad en el Jeep con nada menos que cinco Behemots pisándolas los
talones.
- Al principio sólo eran dos,
pero cuando conseguimos acabar con uno aparecieron el resto y tuvimos que
retirarnos – añadió Skorn.
- ¿Dónde os los encontrasteis?
– Van preguntó aunque parecía que se esperaba la respuesta.
- En Halford
Tanto el nombre de Halford como
el punto que Skorn señaló en el mapa le resultaron a Kurt extremadamente
familiares.
- Si no recuerdo mal esa ciudad
es la más cercana al Área 013, la base donde yo estaba. Allí es dónde iban a
por provisiones. Nunca hubo problemas allí.
- Ambas cosas son ciertas,
pero desde que la base fue destruida las cosas han cambiado.
- Pero, ¿por qué?
- Ehm… puede que las defensas
de tus compañeros fueran realmente buenas…
- Sí, será eso… - apuntilló Vestal
con una mueca de desprecio.
- ¿Tienes algún problema con
los militares? – le preguntó Kurt.
- ¿Uh? – la expresión de
desprecio ahora se dirigía a él, de un modo bastante amenazante. - ¿Tienes
algún problema con que lo tenga?
- ¡SILENCIO!
El grito de Victoria le heló
hasta el alma. Efectivamente el silencio se hizo, hasta tal punto que sólo se podía
oír la respiración de la gente.
- No es tiempo para tonterías,
estamos discutiendo cosas serias. No daré más avisos. Por favor Axel continúa.
Tras calmarse un poco la
tensión del ambiente Axel retomó el relato.
- Tampoco hay mucho más que añadir.
Peleamos contra los behemots en la ciudad. Causaron grandes destrozos pero al
final pudimos con todos. Dregar y Skorn acabaron con los últimos mientras
Monique y yo nos encargamos de las arpías que atacaban a Cloud y a Kurt. No
sobrevivió ninguna.
- ¿Y la matriarca que
atrapaste? – le preguntó Kurt extrañado.
- No pudimos sacarla mucho…
- Cuéntalo todo.
Una figura en la que no había
reparado se asomaba por la barandilla del segundo piso de la librería, justo
encima de la zona donde se situaba Ezequiel. Llevaba una capa negra que le
cubría entero, cabeza incluida, raída y gastada, rota por mil sitios, que
impedía ver absolutamente nada más, ni siquiera su cara. Era bastante
siniestro.
- Pero…
- Cuéntalo todo Axel, tienen
derecho a enterarse.
Axel miró un momento a
Victoria, que con un movimiento con la cabeza le instó a seguir.
- Entraron en locura cuando
vieron a Kurt.
- ¿Cómo? – Kurt estaba
atónito. - ¿Por qué?
- Porque te persiguen a ti.
- No lo entiendo. ¿Por qué a mí?
- Realmente lo que persiguen
es pararte, ya sea matándote a ti, o destruyendo tu arma.
- ¿La pistola? ¿Cómo saben de
su existencia?
- Es complicado.
- ¿Por eso nos atacaron las
arpías y los behemots atacaron Halford?
- En eso te equivocas – le indicó
Skorn. - Los behemots estaban en Halford, pero no lo destruyeron ellos, sólo estaba
en mitad de su camino hacia aquí.
- ¡Esto es una locura! ¿Ahora
va a resultar que todos los monstruos del mundo van a por mi cabeza?
- O tu arma – apuntilló Vestal.
A esa chica la encantaba sacarle de sus casillas.
- Nos estamos desviando –
frenó Victoria. – Veamos cómo podemos reconstruir esto de forma sencilla.
Nos llegó la noticia de la destrucción de
Halford y es por lo que Monique y Skorn fueron a investigar. Se encontraron los
behemots pero no fueron ellos los que destruyeron la ciudad, estaban de camino
hacia aquí. La matriarca arpía entró en locura en cuanto reconoció a Kurt. Y
luego tenemos el incidente de los chamanes kobold y su campeón en los bajos de
la ciudad. Nos están cercando, y a gran velocidad.
Está claro que van detrás de Kurt y de su
arma, pero no está clara su organización. Sombra, quiero que vayas a ver a
Rick, a ver que te puede contar. Aparte… me envió un mensaje, ha encontrado
algo que te puede interesar. Un hombre medio muerto, con una gabardina negra
con motivos plateados. Dice que le conoces…
Sombra, si así era como se llamaba,
ya estaba en el piso de abajo leyendo la nota arrebatada de las manos de
Victoria. Una vez leída la quemó en sus manos. ¿Eso era magia?
- Ezequiel, te vienes conmigo.
Victoria, nos llevamos a Kurt y a Trisha.
- ¿Estás seguro? – le preguntó.
Por un momento parecía que fuera Victoria la que estaba recibiendo órdenes.
Pero Kurt ya conocía como iban allí las cosas, ella era la líder, la que tomaba
las últimas decisiones, pero eso no quería decir que no tomara en cuenta las
opiniones de los demás.
Un momento…
- ¿Cómo que me lleváis? ¿Con
Ezequiel? Aún nadie me ha explicado nada.
- ¿Explicado sobre qué? – le preguntó
el encapuchado.
- ¿Por qué hay demonios aquí?
- No te entiendo.
- Los demonios fueron los que
destruyeron este mundo, los que trajeron la miseria, el llamado Apocalipsis. ¿Se
supone que tengo que estar conforme con trabajar con uno?
- Sí.
La respuesta clara y
contundente de Sombra le dejó algo aturdido por un momento, que aprovechó para
continuar.
- Verás te guste o no en este
mundo hay de todo. Hay humanos y hay demonios. Hay vampiros y licántropos. Hay
monstruos de todas las clases. Joder si hay hasta dragones – dijo socarronamente
señalando a Drake, que permaneció impasible. – El hecho de que te guste más o
menos no va a hacer que dejen de existir. Lo único que puedes hacer es o luchar
contra ello, o adaptarte. Yo pensaba que los militares eran instruidos en el llamado
instinto de supervivencia. Dime, Kurt… - y en un segundo se plantó delante de
él, le agarró con una mano del cuello levantándole del suelo, y lo empotró
contra uno de los pilares, - ¿vas a seguir pataleando, luchando contra algo que
desconoces, o vas a adaptarte y a conocer este mundo antes de decidir contra
qué luchar y por qué?
No podía ver nada debajo de la
capucha, excepto un brillo rojo ardiente de lo que debían ser sus ojos. Una
sensación de desasosiego como nunca había sentido le inundó. Un miedo
indescifrable que parecía proceder de ningún lugar y de todos al mismo tiempo.
Por un momento, se sintió arder, como si estuviera envuelto por unas llamas
capaces de derretir el mundo entero.
Cuando le soltó, cayó de
rodillas y apoyó la espalda contra el pilar. El sudor le empapaba la cara y la
camiseta. No tenía ni idea de que decir, o siquiera que pensar. Inmóvil, lo
único de lo que era capaz era de escuchar.
Victoria, aún en su sitio, le dio
algo en que pensar.
- Estamos en un momento en el
que la vacilación de cualquiera nos puede costar la vida a todos. A los que
luchamos y por los que luchamos. No sé si te lo han contado pero en las alas
del edificio que no visitamos viven refugiados. Familias enteras, mujeres y
niños. Huérfanos. Gente sin capacidad de lucha, o con mucho que perder, que
dependen de nosotros. Todos los que aquí estamos hemos hecho lo imposible por
ayudarles a sobrevivir, ya seamos humanos, vampiros o demonios. Bajo este techo
todos somos iguales. Quizá eso te dé algo en qué pensar, algo para luchar con
esos prejuicios que tienes.
Sombra, esperad un día. Mañana, decida Kurt o
no acompañaros, partid. ¿Tú estás de acuerdo Trisha?
Trisha había estado callada
toda la reunión. No se había fijado hasta ahora, pero tenía una expresión
bastante dura. Algo había cambiado en ella en los casi dos meses que la
conocía.
- Sí. Yo también quiero saber.
- De acuerdo entonces.
Vosotros dos id a descansar y a pensar mientras acabamos de asignar los
destinos.
Sombra le tendió la mano para
incorporarse. Tras un momento de duda la aceptó y se levantó. Se sacudió un
poco y se dispuso a salir con Trisha de la sala.
- Victoria, ¿puedo
acompañarles? – preguntó de repente Cloud.
Tras un segundo para
pensárselo aceptó, y Cloud salió de la sala con ellos, pero cuando se dirigían
al ala de las habitaciones y al taller, los paró a los dos.
- Venid conmigo, quiero
enseñaros algo.
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