Cloud los condujo a través de
los pasillos del ala este, donde se situaban las habitaciones de la mayoría del
grupo y las zonas de recreo, hasta que llegaron al ala norte. Era la parte más
grande el edificio, destinada a los refugiados de los que hablaba Victoria en
la reunión.
Aquello estaba lleno. Mirara
donde mirara había gente, pero no como él se los había imaginado. Tenían ropa
limpia, estaban bien alimentados, y parecían completamente sanos. Algunos
miraban por la ventana, seguramente añorando salir más allá de las rejas del recinto,
o pensando en su casa destruida o sus familiares o amigos que ya no estaban con
ellos. Pero aparte de las caras de circunstancias, parecían felices. O mejor
dicho, agradecidos de estar allí, vivos y sanos.
Los niños corrían de aquí para
allá. Los jóvenes cuidaban de sus familias. Algunos de ellos se encontraban
fuera practicando sus rudimentarias formas de pelea con espadas de madera o
directamente con su cuerpo.
Siguieron andando hasta que un
hombre mayor saludó a Cloud desde lejos.
- ¡Pero mira quién ha venido!
¡Dichosos los ojos! ¿Qué te trae fuera de tu amado taller?
- Hola Erik, ¿qué tal te
encuentras hoy?
- Bueno no me puedo quejar
demasiado… ¡no me dejáis!
Los dos rieron aunque Erik
empezara a toser como si tuviera un goblin aferrado a sus pulmones negándose a
salir. Ahora que lo veía bien, más que mayor era un anciano.
- ¡Aaaah! Trisha querida,
cuánto tiempo sin verte. ¿Estás bien? Pareces muy seria.
- Han pasado cosas, pero estoy
bien. ¡Y tú deberías cuidarte esa tos de cascarrabias!
- ¡Bah! – y finalmente se fijó
en Kurt.- ¿Y este quién es? ¿Una cara
nueva?
- Me llamo Kurt. Es un placer.
- Sí, seguro que lo es… - y le
sonrió, mostrándole unos largos colmillos. Otro vampiro.- Trisha cariño,
cuídate bien los dientes. ¿Te puedes creer que excepto los colmillos todos mis
dientes son postizos? La edad nos pasa factura a todos…
- Lo sé Erik, siempre me lo
cuentas. Y no te preocupes, lo haré – y le dio un besito en la frente antes de
que el amable anciano siguiera su camino.
Cloud les instó a seguir
mientras se dirigía a Kurt.
- Erik es un semivampiro. Su
parte humana le hace envejecer, aunque evidentemente a un ritmo bastante menor.
Rondará los 300 años ahora mismo. No es que le quede demasiado, pero aquí está
feliz. Rodeado por aquellos que una vez consideraba inferiores, pero que al
mismo tiempo temía. Ahora está contento de tenerlos a su lado.
- ¿Cómo ha acabado aquí?
- Salvó a varios niños de un
ataque de carroñeros en la ciudad. Los gritos de los niños alertaron a los que
patrullaban pero cuando llegaron Erik ya los había ahuyentado, aunque acabó
malherido.
- ¿Carroñeros?
- Sí, animales carroñeros.
Ahora que no hay gente por las calles merodean por la ciudad en busca de presas
fáciles. Lo que quería enseñarte es que no todos son como tú piensas. Erik lo
era, pero cuando todo cambió el también lo hizo. Se adaptó, y utilizó sus
habilidades para proteger a aquellos que no podían hacerlo por sí mismos, sean
de la especie que sean.
Salieron al jardín, que ahora
era un improvisado campo de entrenamiento.
- Aquí se entrenan los que
quieren pasar a formar parte del grupo algún día. Dregar y Axel por ejemplo
empezaron aquí, aunque no tardaron mucho en hacerse notar. Ahora Axel es una
pieza importante dentro de la unidad de Calamidad, y eso la gente de aquí lo
sabe. Se ha convertido en un ejemplo a seguir por aquellos que siente que
tienen la fuerza y la habilidad necesaria para proteger a los demás.
Hombres maduros se entrenaban
junto con chavales que a lo mejor no llegaban a los 10 años. Los más fuertes
enseñaban a los más ágiles a resistir golpes, a cambio aprendían de éstos a
esquivar. Algunos entrenaban con espadas de madera, otros con arcos. Nadie
estaba ocioso.
- Todos los que estamos aquí
estamos para protegernos mutuamente. Yo personalmente quiero proteger a los
demás para que no tengan que pasar por lo mismo que yo. Yo perdí a mi hermana,
pero hay gente que ha visto morir a sus padres, o peor, a sus propios hijos. Se
han formado familias aquí dentro que luchan por ayudarse entre ellos. Y yo
estoy feliz por ser parte de ello.
- Eso lo comprendo.
- Muchos de ellos han sido
salvados por demonios Kurt – ante esto le miró, pero no abrió la boca.- Sombra
y Ezequiel son de los que más gente han traído. Sé que es difícil de asimilar,
a mí también me costó como puedes entender, pero me gustaría que intentaras
abrir tu mente, que comprendas que las cosas no son como antes, o como te las
pintaban en la base. Te enseñaron a odiar a los demonios, eso lo comprendo,
pero igual que hay demonios que te matarían si pudieran, los hay que matarían
por salvarte. Es mejor que lo asimiles cuánto antes, puede que lleguen a ser
tus mejores aliados.
- Es complicado.
- Nadie ha dicho que sea
fácil, sólo que es necesario. Hay que olvidarse de los prejuicios. Kurt, te conozco,
tú eres mucho mejor que eso.
- No creo que me conozcas tan
bien en sólo dos meses… - Cloud bajó la vista al suelo, desesperanzado.- pero
reconozco que llevas razón. Lleváis razón. Realmente no sé nada de este mundo.
Y me alegro de tener a gente de confianza que me lo enseñe.
Cloud y Trisha lo miraron,
sorprendidos, y al ver la resolución en su mirada sonrieron. Algo estaba
cambiando dentro de él. Ver a toda esa gente intentado superarse cada día, ser
capaces de ayudar a su gente un poco más que el día anterior, mientras él
simplemente intentaba refugiarse en sus trabajos en el taller para no tener que
pensar en lo que le rodeaba mientras que el sí tenía la capacidad de ayudarles
a todos… se daba lástima a sí mismo.
- Parece que ese maldito Axel
ha sido capaz de enseñarme algo nuevo otra vez, aunque sea a través de aquellos
que siguen su ejemplo.
- Ya te dije que se ha
convertido en alguien muy importante dentro de Calamidad.
- Aunque eso también se deba a
que le mete una paliza a cualquiera al billar – añadió Trisha a modo jocoso.
- No Trisha, lo que pasa es
que los demás somos demasiado malos – la puntualizó Cloud.
Y así se encontraron los tres,
riendo a carcajada limpia mientras los que estaban entrenando les miraban como
a bichos raros.
El ambiente que Kurt se
encontró esa noche no era nada que se hubiera podido imaginar. Había subido a
las salas de recreo aprovechando que tenía la noche libre. Había terminado un
par de balas esos días y decidió permitirse el lujo de descansar un poco. Eso y
que el jaleo que oía por los pasillos encendía su curiosidad.
Cuando llegó le pareció
encontrarse en un club de la antigua ciudad. Había compañeros jugando al
billar, y hay que decir que sí que Axel ganaba todas porque los demás eran
excesivamente malos. Los élites se sentaban en el sofá grande y conversaban
animadamente con las gemelas. Incluso Victoria parecía enfrascada en un duelo
de cervezas con Ezequiel. Talahashi ocupaba la barra del bar y bromeaba y se
reía con los que iban a pedir más.
Al verle, Trisha se le acercó
y le invitó a unirse al grupo para charlar. Al principio le agradó la idea pero
luego se dio cuenta que acababa de entrar en una conversación de chicas… un
tanto atípica eso sí. Monique apenas abría la boca, Trisha no paraba de hablar
de comida, y Alexia, a quien acababa de conocer, no paraba de examinarle de
arriba abajo como si le desnudara con la mirada.
Alexia acababa de llegar de su
misión de hablar con otro grupo de
supervivientes. Al parecer intercambiaban información entre los distintos
grupos para mantenerse al día, y se ayudaban si fuera necesario. Si no se
juntaban para hacer grupos más grandes era principalmente porque cuanto más
grande es un grupo más difícil es de mantener. Aparte cada uno tiene sus
refugiados y sería difícil encontrar un sitio para todos ellos. Aunque
seguramente la diferencia de ideas era otra razón de peso. Había grupos más
violentos, otros más reservados, algunos formados por una especie en concreto…
un poco de todo.
Alexia era lo que se
denominaría una mujer con curvas. Puede que sólo Victoria la ganara en cuerpo.
La ropa de cuero negro ajustado, el escote interminable, y su mirada a través
de sus gafas… Kurt no quería saber exactamente como conseguía la información
del resto de grupos.
Las dejó con su tertulia y se
dirigió a la barra a pedir.
- Siento decirte que en esta
barra no sirvo gachas.
- Tranquilo. Esta vez voy a
pedirte una cerveza.
- ¡Pero si el militar se salta
su dieta! ¡Esto hay que celebrarlo! Dime cual quieres.
- ¿Tienes cerveza negra?
- Bueno, mucho tampoco te la
saltas. Estás de suerte, tengo una que seguro que te gusta. La he hecho yo
mismo así que más te vale que te guste.
- Realmente es la primera vez
que la pruebo. Siempre he sentido curiosidad.
- Y, ¿a qué viene el salirse
de lo habitual? Si se puede preguntar…
- Bueno… hay veces que hay que
salirse de lo establecido. Hay momentos de probar cosas nuevas y decidir por ti
mismo si te gustan o no.
- Me gusta. Toma. No te
preocupes por pagarla, aunque no debería decirlo me han hecho una seña y a esta
te invitan.
Cuando se giró vio que quien
le había invitado le hacía señas para que se acercara a su mesa.
- Parece que tu visita al ala
norte te ha tocado un poco - Victoria le recibía con una amplia sonrisa, mezcla
de alegría y curiosidad.
- Bueno, hay veces que
necesitas algo de ayuda para ver las cosas de otra manera.
- ¿Quiere eso decir que
vendrás con nosotros mañana? – le preguntó Ezequiel, con su eterna sonrisa bajo
su eterno sombrero que siempre le impedía verle los ojos.
- Sí. No sé qué es lo que me
voy a encontrar, o lo que me tenéis preparado, pero creo que es el momento de
empezar a vivir mi propia historia, y no la que escriban los demás por mí.
- Y créeme cuando te digo que
será una historia que ninguno olvidaremos.
- ¿Por qué lo dices?
- Nada, suposiciones – y se
acabo su jarra de un trago.- Me toca. Espero que disfrutes con lo que viene
ahora.
Dicho eso se levantó de su
asiento y se dirigió a una especie de escenario que tenían montado. Encendieron
los focos y varios del grupo cogieron instrumentos.
- A veces nos juntamos todos
aquí, cuando coincidimos muchos en la base. Conviene relajarse de vez en cuando
y poder disfrutar de la compañía de aquellos que consideras tus compañeros, o
tus amigos.
Victoria levantó su jarra en
dirección a Kurt, que tras un momento para darse cuenta levantó la suya para
chocarlas y brindar.
- Por tu historia, Kurt.
- Por mi historia.
Al principio estaba Vestal a
la batería, Dregar al bajo, Ezequiel a la guitarra, Cloud al teclado, y Axel
como vocalista. Cantaron un par de canciones, de las cuales le gustó una que se
llamaba Bring’em Down.
Luego cambiaron. Vestal se
quedó a la batería (era muy buena y se veía que disfrutaba dándole golpes a las
cosas), Monique cogió el bajo y Axel la guitarra, sin teclado. La voz de Alexia
sonaba provocativa, salvaje, capaz de causar una erección a un hombre de
piedra. Kurt no se enteró de ninguna canción de lo embobado que estaba mientras
Victoria se moría de la risa.
- Puede que le diga que te
haga una visita esta noche, semental – le soltó.
Pero aunque es cierto que ese
cuerpo y esa voz le provocaban, sabía que era algo carnal, natural y salvaje. Y
aunque llevaba mucho tiempo en hambruna, no era algo que le interesara del
todo. Es decir, le interesaba, era un hombre, cualquier hombre caería redondo
ante aquella mujer y aquella voz. Imaginársela hablándole así al oído mientras…
Sí, evidentemente. Sí pero no. En el tiempo que llevaba allí, y sobre todo ese
día, había aprendido a abrir la mente, a buscar siempre algo más. Y había algo
que le llamaba más la atención que la simple carne. Algo que le hacía perderse
en incontables suposiciones. Esos ojos oscuros que le absorbían, esa marca tan
definida que podría recordarla por siempre. Esos destellos que vio en ambos
dentro de la gruta de los kobold.
Se le estaba empezando a subir
la cerveza. Quizá fuera por la compañía, por el ambiente. No recordaba haber
pasado nunca una noche mejor que aquella, y realmente era la mejor cerveza que
había probado nunca.
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